Feeds:
Posts
Comments

Posts Tagged ‘reglas monetarias’

(Artículo publicado originalmente en el diario OroyFinanzas, el 17 de Septiembre de 2012

El patrón oro, también una cuestión de poder y hegemonía

Es evidente que hay una relación entre el buen o mal gobierno de las monedas fiduciarias y el precio del oro. Cuando la gente estima que las monedas nacionales se van a depreciar, como resultado de lo que consideran políticas monetarias y fiscales demasiado expansivas, insostenibles a medio y largo plazo, aumenta la demanda de oro y se dispara su precio claro. Así ocurrió durante las crisis del dólar americano durante los años 70 del siglo pasado y ha vuelto a ocurrir desde mediados de los años 2000; lo que se ha constatado con más intensidad tras el estallido de la crisis financiera en los años 2007 y 2008. Es de todos bien conocida esta propiedad del oro como valor refugio del poder adquisitivo de los ahorradores, que ha sido “testada” y funcionado realmente bien a lo largo de muchos años (siglos).

Fuente imagen: Wikipedia commons

Otra cosa bien distinta es defender una vuelta al patrón oro, pero que muy distinta. Supone dar unos cuantos pasos más allá para cambiar no sólo el sistema monetario tal y como lo conocemos, sino también las reglas de juego de la sociedad en una economía de mercado. Es este precisamente el núcleo de la conversación que mantuve sobre este tema con Luís Iglesias en su programa “Conversaciones en libertad”. Hablamos allí de las condiciones necesarias para poder mantener un sistema de patrón oro, de sus consecuencias económicas y sociales, de cómo fijar o bien dejar libre el precio del oro, así de cómo se conduciría la política monetaria bajo ese régimen de emisión de moneda. Como ven, no es poco.

El oro y la hegemonía mundial

En otros trabajos me he centrado en las implicaciones técnicas de esta cuestión. Ciertamente son muy relevantes pero me atrevo a decir que de segundo orden comparadas con las consecuencias políticas que acarrearía esta decisión; tanto en lo referente a los cambios

(1) de modelo social y económico que traerían aparejados como (2) a los que resultarían por la disputa de la hegemonía económica mundial. Y es a estas últimas a las que me referiré, si quiera brevemente, a continuación.

Los países que a lo largo de la historia reciente han impulsado un sistema de patrón oro como norma de regulación de la oferta de dinero a escala internacional han sido siempre, y no por causalidad, los países más prósperos y poderosos económica y políticamente. Así lo fue la Inglaterra del siglo XIX (hasta la “Gran Guerra”) y así lo fue EEUU tras la Segunda Guerra Mundial (al menos entre los países democráticos y las economías de mercado). Cierto es que los sistemas de patrón oro liderados por ambos países distan mucho de ser iguales; pero al menos sí compartían la existencia de un anclaje final de sus monedas nacionales en el oro a una paridad o precio fijo. A ambos países les convino en cada momento histórico la estabilidad del sistema monetario, lo que les permitió expandir sus operaciones comerciales y financieras por todo el mundo. Y es que no descubro el Mediterráneo cuando afirmo que una moneda estable es un requisito esencial para la prosperidad comercial y económica.

¿Quién lideraría el cambio a un patrón oro ahora?

EEUU sería el primer candidato; es la superpotencia política y militar del mundo, así como aún la principal economía mundial. Además, es el principal poseedor de reservas oficiales en oro (alrededor del 25% del total mundial). A pesar de todo ello, no creo que de verdad apueste por volver al patrón oro. La razón es sencilla; ha dejado de ser desde hace décadas la economía más productiva del mundo. Tiene una balanza comercial muy, muy deficitaria desde los años 70, que ha de financiar año a año con entradas de ahorro exterior en forma de préstamos. Hasta ahora, el hecho de emitir su deuda en la aún principal moneda de reserva internacional le permite financiarse más fácilmente y sin duda a un bajo coste.

De adoptar el bajo el patrón oro clásico, gobernado por el Estado, ya no sería así. Al quedar fijado el tipo de cambio del dólar con el oro, ante el recurrente déficit comercial americano, la Reserva Federal de EEUU habría de utilizar el oro de sus reservas para mantener la cotización del dólar; ello conllevará salidas netas y masivas de oro a los países con quienes mantienen ese déficit comercial (China, países del sudeste asiático y algunos países europeos). En pocos años, la Reserva Federal agotaría sus reservas de oro y la potencia económica encargada del “manejo” del patrón oro habría de suspender la relación con el oro y devaluar su moneda. En definitiva, en muy poco tiempo la dinámica de funcionamiento del patrón oro revelaría los enormes desequilibrios de países como EEUU, ya que pronto impondría costes y límite al insostenible exceso de gasto que la economía americana, tanto de agentes privados como del Estado; exceso de gasto que aún puede permitirse precisamente porque los actuales patrones monetarios, puramente fiduciarios, permiten un manejo más “flexible” de la moneda y así esquivar (que no evitar) por un tiempo el ajuste del gasto que más tarde o más temprano habrá de llegar.

Juan Castañeda

———————————————————————————————————————————–

Nota: Puede accederse directamente al audio de la conversación en la que se basa este artículo aquí:

http://educacionparalalibertad.com/2012/09/15/hay-un-futuro-monetario-para-el-oro/

Advertisements

Read Full Post »

Una cura de humildad

 

Uno siempre ha de ser muy cauto a la hora de, si quiera plantearse, escribir algo  destinado a su divulgación. Esa cautela ha de ser aún mayor si lo hace en un campo como el de la economía que, como ya nos decía Karl Menger hace más de un siglo,  estudia las consecuencias no necesariamente intencionadas de las decisiones humanas. ¡Menudo reto! Y cuando digo decisiones me refiero a verdaderas decisiones humanas tomadas en entornos inciertos, con información y conocimientos limitados, en los que la gente persigue fines que proyecta, revisa y rectifica a lo largo del tiempo.  En fin, todo un rompecabezas de infinitas piezas y ciertamente dinámico, que ni siquiera conoceremos nunca con certeza. Es en esta especie de arenas movedizas en las que penosamente nos movemos quienes nos dedicamos a estudiar la economía.

Hemos jugado a ser dioses durante demasiado tiempo. Nos hemos (¡y seguimos!) enredado en grandes modelos macroeconómicos con los que creíamos podíamos identificar los males de la economía y corregirlos a discreción; como si eso fuera posible. La lógica parece rotunda: la autoridad económica, asesorada por un cuerpo de economistas y económetras, identifica un funcionamiento “subóptimo” o “no eficiente” de la economía, y utiliza los instrumentos bajo su control para alcanzar la situación óptima deseada en cada momento. ¿Acaso alguien no querría alcanzar una situación óptima que, por su propia definición, es la mejor de las alternativas posibles? El problema es que en la vida real lo óptimo está fuera de nuestro alcance: ya sea por la incertidumbre que nos rodea o ya sea sencillamente porque muchos de los objetivos de política económica no están bajo el control de las autoridades. Como verán, la reivindicación de esta mayor humildad intelectual entre la profesión de economistas preside el libro que José Antonio Aguirre y yo mismo acabamos de publicar sobre la crisis económica reciente (ver detalles abajo).

El penoso gobierno de la regla monetaria reciente

Y, lógicamente, uno ha de plantearse qué tiene que ofrecer de nuevo o puede aportar al debate sobre la cuestión tratada.  Por un lado, señalamos el gran desconcierto, e incluso ignorancia, existente en torno a lo que es el dinero y a las leyes que lo gobiernan. Y es que se olvida que el mercado monetario es una auténtica excepción en las llamadas economía de mercado, pues es un mercado gobernado por los Estados a través de los bancos centrales nacionales. En este sistema, el dinero ya no lo elije el mercado, sino que es una creación de la ley mediante el decreto de su curso legal forzoso. En este mercado, tan importante para el buen funcionamiento de la economía, todo pivota sobre las decisiones de un banco central monopolista. A la vista de la crisis actual, podemos aseverar que el desconcierto es extensible incluso a muchos economistas. Gran parte de la profesión no ha estudiado estas cuestiones y por tanto las ignora en sentido estricto, o bien prefieren dejarlas de lado, en un ejercicio de pereza intelectual alarmante y muy costoso a la postre para todos.

 Por otro lado, la regla monetaria manejada por los bancos centrales ha resultado no sólo fallida, sino además una de las principales causantes de la crisis actual. Y es en ello en lo que nos centramos principalmente en el resto del libro.

La “ley de la física monetaria”

Después de tres décadas de subordinación de los bancos centrales a las necesidades financieras crecientes de Estados en expansión, la combinación de déficit y deuda pública, así como inflación y desempleo masivos en los años 70 despertaron a la mayoría del plácido sueño de la “era keynesiana”. Los gobiernos, a regañadientes, reconocieron que lo mejor que podían hacer era delegar la política monetaria en manos de un banco central independiente, encargado de preservar el poder de compra de la moneda. Por fin, parece que atendieron a la que hemos llamado la “ley de la física monetaria”: una de esas pocas certezas con que contamos en la economía, que asevera que habrá inflación cuando crezca la oferta de medios de pago por encima del crecimiento real de la economía.

De la estabilidad de precios a la estabilidad monetaria

El reconocimiento de los límites de la política monetaria en la década de los años 80 y 90 fue un avance, sin duda; pero a la vista está que insuficiente. A su explicación dedicamos otra buena parte del libro. Y es que de nuevo hemos visto que los bancos centrales decían preservar la estabilidad de compra de la moneda cuando realmente no lo hicieron. Jugaron de nuevo a ser dioses y a controlar el ciclo económico, creyendo que la estabilidad de un índice como el IPC era un buen indicador de la estabilidad del poder de compra del dinero. Un gran error. La consecuencia ha sido un crecimiento excesivo y prolongado de la oferta monetaria, que ha terminado por desajustar la estructura productiva. Ahora los costes de todo ello son desgraciadamente familiares para todos.

Por todo ello, al final del libro nos atrevemos a plantear una regla monetaria que pueda mejorar el desgobierno reciente de la oferta de dinero; una regla que suponga una cura de humildad para los economistas y bancos centrales y les recuerde que sólo deben conseguir objetivos que estén verdaderamente bajo su control: la estabilidad monetaria. En definitiva proponemos que lo mejor que puede hacer quien sostiene la oferta de liquidez de la economía es conseguir su estabilidad a lo largo del tiempo; sin vaivenes que tengan que ver con la persecución de políticas expansivas de la actividad económica que ya sabemos en qué terminan.

Juan Castañeda

——————————————————

José Antonio de Aguirre y Juan E. Castañeda Fernández: “Una crisis económica sorprendente (2007-2012)”. Ediciones Aosta. Madrid

Read Full Post »

Artículo publicado el 16 de Marzo en la columna “La política del dinero” de la sección de opinión del diario Expansión.

El profesor Bernanke vuelve a las aulas

El pasado 25 de enero, el comité responsable de la política monetaria en EEUU (Federal Open Market Committee) tomó una decisión que pasó casi desapercibida. Cierto es que vino acompañada del anuncio de la estabilidad de los tipos de interés en sus niveles actuales, tan extraordinariamente reducidos, hasta 2014, lo que sin duda desplazó a un segundo plazo el anuncio de la Reserva Federal de cuantificar su objetivo de inflación. Esta sí que es una medida relevante y de largo alcance, pues compromete públicamente al banco central de EEUU con una política monetaria más reglada y predecible; lo que nos ayudará a prever más fácilmente el curso esperado de los tipos de interés de referencia en ese país en los próximos años.

El actual presidente de la Reserva Federal fue antes un prestigioso profesor de Economía en la Universidad de Princeton; y fue precisamente en su carrera académica cuando ya se decantó por el desarrollo de una política monetaria previsible, comprometida con una regla que limitara la discrecionalidad de las autoridades monetarias. De esta forma, el profesor Bernanke no hacía más que situarse en la corriente principal de los economistas de los años 90 del siglo pasado, quienes desde hacía ya años recomendaban la mayor transparencia de los bancos centrales como mejor medio para ganar la credibilidad y confianza de los usuarios de la moneda. Y es de esta corriente teórica de la que surgió la propuesta de adoptar un objetivo de inflación como mejor estrategia para conducir la política monetaria.

Al fin, conscientes de la imposibilidad de dirigir la economía mediante cambios en el tipo de interés o en la cantidad de dinero en circulación, existía un amplio consenso entre los economistas académicos en favor de una regla monetaria que comprometiera al banco central con la persecución de la estabilidad de los precios.

Discrecionalidad


Sin embargo, en la práctica, la Reserva Federal ha sido una auténtica y penosa excepción. A diferencia del Banco de Inglaterra o el BCE, comprometidos prioritariamente con la estabilidad de los precios, la Reserva Federal (1) tiene en sus estatutos un mandato múltiple que le insta a perseguir la estabilidad de los precios, el crecimiento económico y tipos de interés moderados a largo plazo y, asimismo, (2) se ha distinguido desde hace años por la aplicación de una política monetaria fuertemente discrecional. La conjunción de ambos elementos resultó en muchos casos en una política monetaria demasiado sujeta a la personalidad de quién era el presidente de la Reserva Federal en cada momento, así como en decisiones muy condicionadas por los intereses del Tesoro estadounidense. Un ejemplo claro de esto último lo hemos comprobado recientemente al ver cómo la Administración Obama se ha beneficiado de una política monetaria fuertemente expansiva para financiar más fácilmente los sucesivos déficits fiscales del Gobierno federal.

Pareciera que las lecciones enseñadas por el profesor Bernanke hubieran quedado en suspenso una vez que entró a formar parte del Consejo de Gobernadores de la Reserva Federal en 2002 y finalmente tomó posesión como gobernador (presidente) de la Reserva Federal en 2006. Cierto es que le ha tocado “lidiar” con una fuerte crisis financiera desde 2007, así como con una economía habituada a crecer sobre la base de crédito barato y sostenido, tanto por la Reserva Federal como por la banca comercial y de inversión de ese país. En este escenario tan convulso, no podíamos pedir mucho más al profesor metido a gobernador. En todo caso, sí ha venido introduciendo cambios notables en la conducción de la política monetaria que merecen ser destacados: (1) la Reserva Federal no sólo anuncia trimestralmente previsiones de evolución de la producción, la inflación y la tasa de desempleo, sino que desde el pasado 25 de enero (2) ha anunciado un objetivo de inflación del 2% de variación interanual del IPC.

Con ello, conocemos ya de antemano y con exactitud su tasa de inflación objetivo a medio y largo plazo; asimismo, ya nos venía informando cada trimestre sobre cuál es la tasa de crecimiento esperada del PIB a largo plazo. Dado que son ambos los principales determinantes de su política monetaria, somos ahora capaces de prever más acertadamente el sesgo de la política monetaria en EEUU en el futuro. Estos cambios son muy positivos, ya que aumentan la transparencia y credibilidad de la Reserva Federal, así como reducen su rango de discrecionalidad; ya que la comprometen en mayor medida con objetivos claros y cuantificados. Ya sólo queda reformar los estatutos de la Reserva Federal para, entre otras cosas, poder fijar la estabilidad de los precios como su objetivo prioritario. Ello sería el reconocimiento expreso de las limitaciones de la política monetaria para conseguir otros fines que no sea la estabilidad de los precios o, mejor aún, la estabilidad monetaria; algo que, por el momento, no está ni siquiera al alcance del profesor Bernanke.

Juan Castañeda

Read Full Post »