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Posts Tagged ‘Real vs Pseudo gold standards’

(Artículo publicado iriginalmente en OroyFinanzas, Madrid, 3 Septiembre 2012) 

¿Una vuelta al patrón oro en EEUU?

 
Influidos o no por el congresista americano Ron Paul, conocido crítico de la Reserva Federal y el sistema de emisión puramente fiduciario, la convención nacional del Partido Republicano de la pasada semana convocó una comisión para el estudio de la vuelta al patrón oro en EEUU. Sí, nada más y nada menos que la vuelta al patrón oro. ¿Por qué ahora? Eso es sencillo. En un momento de tanta inestabilidad financiera como la vivida desde 2007, ahorradores privados, inversores institucionales y hasta los bancos centrales parecen haber encontrado de nuevo un buen refugio para sus ahorros y reservas en el dorado metal; de ahí que su precio se haya disparado en los años 2000, como ya antes lo hiciera durante las crisis del petróleo en los años 70.

Es en estos momentos de incertidumbre cuando la tan a menudo, en tiempos de bonanza, peyorativamente llamada reliquia bárbara (J. M. Keynes, 1923) parece no serlo tanto, y todos parecen caer en la cuenta de su mayor capacidad para mantener el poder de compra a largo plazo. Pero esto es una cosa y otra sería proponer el oro como ancla del sistema monetario. De adoptarse, supondría una vuelta al sistema anterior a la Segunda Guerra Mundial, que limitaba el crecimiento de la oferta monetaria dada la necesidad de mantener la convertibilidad de los billetes emitidos en oro a una paridad fijada de antemano. Sus ventajas no se nos escapan: en esencia, crecimiento monetario limitado y verdadera estabilidad del poder de compra del dinero a medio y largo plazo.

¿Quién fija el precio del oro?

Como sucede en cualquier mercado y con cualquier mercancía, y el oro también lo es, el dato fundamental es el precio que regule la relación entre el dólar y el oro. Este precio puede ser fijado por el Estado, como cuando determina el tipo de cambio de su moneda en términos de otra. De hecho, este fue el sistema de patrón oro clásico que funcionó entre 1870 y 1914, ya que era el Estado (a través de un banco central monopolista) quien fijaba la paridad de la moneda nacional respecto al oro y se comprometía a convertir a la vista todo billete emitido a ese precio (a esa paridad).

O, como bien sugería Milton Friedman en 1961 quien decida el precio como sucede normalmente en una economía de mercado. El precio debería rondar los 1.500 o 1800 dólares la onza de oro, tal y como cotiza en el mercado en los últimos meses.

Una equivocación en la fijación de este precio del oro sería fatal para la economía:

(a) Un precio muy alto en términos de dólares por onza (mayor al citado intervalo) implicaría una notable devaluación del dólar y así la posibilidad de caer en un crecimiento excesivo (e inflacionario) del dinero en EEUU.

(b) Un precio demasiado bajo, provocaría lo contrario: un crecimiento monetario mínimo y deflacionista, y además una moneda muy sobrevalorada que perjudicaría y mucho a las exportaciones de EEUU.

De ahí que sea mejor que el precio del oro lo determine el mercado y evitemos este problema de raíz. Una vez resuelto este problema inicial, el crecimiento anual de la oferta mundial de oro (en torno al 2% – 3% como promedio) podría servir para financiar una economía con un crecimiento similar a medio y largo plazo; por lo que no sería un sistema monetario deflacionista en absoluto.

Ahora bien, si atendemos a las indicaciones que daba Hayek para determinar si era viable el patrón oro en un país, ni siquiera en EEUU sería hoy posible. Aún siendo el país con más reservas oficiales de oro del mundo (27%), este stock sería realmente mínimo en comparación con el volumen de liquidez existente en EEUU.

Además, no tiene sentido hablar del patrón oro en un solo país, sino entre una comunidad de países que compartan este sistema monetario. De adoptarse sólo en EEUU, la mayoría de los poseedores de dólares de todo el mundo, previsiblemente desconfíen del mantenimiento de los compromisos de la Reserva Federal y pronto los canjearían por oro, lo que rápidamente agotaría sus reservas.

¿Pero sabemos realmente el “precio” del patrón oro?

¿De verdad que la sociedad actual, también la americana, está dispuesta a volver a un sistema monetario que no permite financiar a un Estado con déficits recurrentes? Bajo el patrón oro la financiación deficitaria y continuada de un elevado Estado de Bienestar es sencillamente inviable, así como la expansión del gasto público sin límite.

Así como también lo es la conducción de una política monetaria discrecional y expansiva de la liquidez, al menos potencialmente, sin límite alguno. ¿De verdad que estamos dispuestos a pagar el precio por tener más estabilidad monetaria y financiera?

Juan Castañeda

PD. Un analisis de esta cuestion fue abordado en este blog en una conferencia y articulo que disponibles en el enlace: https://theoldladyofthreadneedlestreet.wordpress.com/2012/06/06/hay-un-futuro-monetario-para-el-oro/

 

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Gold standard under a competitive market scenario: a debate

 

Gold standard has been often claimed to be the liberal panacea as regard to monetary regimes. I myself believed it for quite a long time.  However,  the study of monetary history in a broader and longer perspective has made me change my mind on this question. In relation to the gold standard, Milton Friedman (1) made a very interesting critique from a liberal perspective in the paper presented at the Mont Pelerin Society in 1961. His work, “Real Versus Pseudo Gold Standards” is a true challenge for all those who beleive that the classical gold standard was (and still is) a panacea. As Friedman remarked, it is difficult for a pro free-market economy to put the label of “liberal” to a monetary regime in which the State fixed the price of one specific good (in this case, the covertibility rate between the bank notes and the gold held by the central bank). In his view, the belief of the classical gold standard as part of the main liberal body of theories is the result of the traditional involvement of the State in the monetary field; as a result, we cannot even think of a monetary system in which the price of gold were not determined by the State, but by the competitive dynamic of different issuers of bank money and money holders themselves.

And this is the sort of the debate that I introduced in the last meetting of the “ANR DAMIN” Project (coordinated by Prof. Georges Depeyrot, CNRS, Paris), entitled Silver Monetary Depreciation and International Relations, hold in Paris last January. It was an extraordinary  meeting with experts and very good colleagues in the area of contemporary monetary history; and my proposal to talk about a competitive gold standard monetary system was received with some surprise at first. Then, once the question was properly set and introduced, we did develop a very interesting debate on the feasability of a monetary regime not necesarilly monopolised by the State; one in which, different issuers of paper money, backed with gold, were able to compete to provide the best means of payment. Under this system, as Friedman masterly stated, there is no need to claim for a fixed priced for gold, as its price will vary in the market everyday according to its demand and supply(ies).

Let me clarify that, even though under the control of the State, I do take the classical gold standard as a stable monetary system, with a remarkable record of long term price stability and economic growth from 1870 to 1914. And this is much more the case in light of the much more discretionary monetary regimes  that we have experienced since the abandonment of the gold standard in the last century; under purely fiat monetary systems, we have seen during the so-called “Keynesian years” how money supply was taken as another tool in the hands of the policy-makers to finance excessive and recurrent fiscal deficits, with the expected and undesirable results in terms of higher and more volatile inflation, and thus more uncertainty in the markets.

The debate can be found in the following link: http://www.anr-damin.net/spip.php?article31#outil_sommaire_1

(please, go to the last Saturday video, “Final Debate of the Round Table”; the debate on this question is in the middle of the recording)

Juan Castañeda

(1) I am grateful to Prof. Pedro Schwartz for his suggestion to read it several years ago.

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