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Posts Tagged ‘Keynes’

Una crisis económica sorprendente (2007-2012)

La verdad es que esta profesión tiene una buena parte de vanidad y la entrada de hoy es una nueva muestra de ello. Hace ya meses, en septiembre de 2012 salió a la venta el libro que he escrito con el economista José Antonio Aguirre, titulado “Una crisis económica sorprendente (2007-2012)” (Ediciones Aosta), del que escribí un artículo en el blog sobre el contenido del libro.

José Antonio Aguirre es un economista profesional que sabe realmente de mercados financieros y de los economistas clásicos; de hecho, ha sido el editor pionero en la traducción al castellano de libros clásicos de economía de autores de referencia, como I. Fisher,  F. Hayek o K. Wicksell u otros más recientes e igualmente relevantes como James Buchanan o George Selgin. De la mano de mi director de tesis doctoral (Prof. Schwartz), tuve ocasión de leer su magnífico estudio sobre la banca central y la competencia monetaria, que acompañó a la edición en castellano del excelente libro de Vera Smith de 1936, “Fundamentos de la Banca Central y de la Libertad Bancaria“; ambos trabajos de lectura diría que obligatoria para quienes quieran entender los fundamentos del sistema de banca central actual y sus alternativas. Por ello, ha sido un verdadero placer para mi escribir este libro con quién, sin saberlo entonces, me ayudó tanto a entender un poco más sobre lo que es el dinero con su trabajos sobre economía monetaria.

libro

Aquí podréis ver más información sobre el libro, una reseña y el índice de contenidos.

La presentación tendrá lugar el martes 5 de febrero de 2013 (19:00hrs.) en la Fundación Rafael del Pino (Madrid). Aquí encontraréis más datos prácticos sobre el acto. El profesor Pedro Schwartz hará la presentación, seguida de la intervención de los autores y de un tiempo para preguntas y comentarios del público. Por supuesto, como siempre, y lo saben bien quienes me conocen, las preguntas serán muy bienvenidas, especialmente si son críticas.

En fin, me permito invitarte a venir y quedo muy agradecido de antemano.

Juan Castañeda

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Keynes and Hayek: A never ending controversy

A classic: what would have J. M. Keynes and F. A. Hayek said in the context of this major financial crisis were they alive? What would these “giants” of Economics suggest to tackle the problems arisen in the recent crisis?

Hayek

Well, we know quite well what Hayek would have probably suggested. Firstly, in relation to the diagnosis of the crisis, his theoretical works on the boom and bust crises fit very well with the current crisis. Moreover, his (Austrian) interpretation of the business cycles is very well-established in his works, mostly written in the 20s and 30s, and they have indeed received much more attention recently. So I do firmly think that he would claim some credit for the Austrian theory of the business cycle. As to his policy measures to overcome the crisis, I am afraid that he would probably suggest that the painful adjustment of the economy (including the liquidation of the so-called mal-investments, those associated with excessive money growth in the expansionary years) would have to take place, one way or another. And he would also possibly claim, as he did in his excellent works on money, central banks and the monetary system, that we should finally reform the nature of the monetary system with the introduction of more competence in the money market; which would imply the abolition of the legal tender clause of the national money(ies). This is exactly what he proposed in his Institute of Economic Affairs excellent “Denationalisation of money” in 1976.

Keynes

In relation to Keynes, we cannot be so positive about what he would have said. We know how pragmatic (and “case sensitive”) and even volatile Keynes could be, so we cannot really predict the policy solutions he would have proposed. This is exactly what Hayek claimed on the academic relation they maintained in the 30s. By the time Hayek was able to reply and contest a Keynes’ book or article, the latter had already launched another work with a different approach and even with a quite different perspective or theory. This was viewed by Hayek as a lack of consistency, something Hayek was not accustomed to and very much unusual for the very systematic Austrian theorist. Anyhow, if it were the Keynes of the General Theory, he would indeed ask the State to take firm steps in the running of the economy by the conduction of the aggregate (effective) demand. In essence, it would imply both (1) lowering nominal interest rates to the minimum and (2) then managing directly aggregate investment.

Another interpretation: some videos proposed

There is an excellent (and much funnier and entertaining) interpretation of their theories, and their application/adaptation to the current scenario, masterly made by John Papola and Russ Roberts in their very interesting and valuable “Econstories.tv” ‘s project. You will find below  several videos on the works and theories of these two economists, as well as interviews with excellent scholars on the works of this two excellent economists (see the interviews with Professor Lawrence White and Lord Robert Skidelsky).

– Video 1: “Fear the boom and bust”, at: http://econstories.tv/2010/06/22/fear-the-boom-and-bust/

– Video 2: “Fight of the century”, at: http://econstories.tv/2011/04/28/fight-of-the-century-music-video/

Enjoy them.

Juan Castañeda

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Una cura de humildad

 

Uno siempre ha de ser muy cauto a la hora de, si quiera plantearse, escribir algo  destinado a su divulgación. Esa cautela ha de ser aún mayor si lo hace en un campo como el de la economía que, como ya nos decía Karl Menger hace más de un siglo,  estudia las consecuencias no necesariamente intencionadas de las decisiones humanas. ¡Menudo reto! Y cuando digo decisiones me refiero a verdaderas decisiones humanas tomadas en entornos inciertos, con información y conocimientos limitados, en los que la gente persigue fines que proyecta, revisa y rectifica a lo largo del tiempo.  En fin, todo un rompecabezas de infinitas piezas y ciertamente dinámico, que ni siquiera conoceremos nunca con certeza. Es en esta especie de arenas movedizas en las que penosamente nos movemos quienes nos dedicamos a estudiar la economía.

Hemos jugado a ser dioses durante demasiado tiempo. Nos hemos (¡y seguimos!) enredado en grandes modelos macroeconómicos con los que creíamos podíamos identificar los males de la economía y corregirlos a discreción; como si eso fuera posible. La lógica parece rotunda: la autoridad económica, asesorada por un cuerpo de economistas y económetras, identifica un funcionamiento “subóptimo” o “no eficiente” de la economía, y utiliza los instrumentos bajo su control para alcanzar la situación óptima deseada en cada momento. ¿Acaso alguien no querría alcanzar una situación óptima que, por su propia definición, es la mejor de las alternativas posibles? El problema es que en la vida real lo óptimo está fuera de nuestro alcance: ya sea por la incertidumbre que nos rodea o ya sea sencillamente porque muchos de los objetivos de política económica no están bajo el control de las autoridades. Como verán, la reivindicación de esta mayor humildad intelectual entre la profesión de economistas preside el libro que José Antonio Aguirre y yo mismo acabamos de publicar sobre la crisis económica reciente (ver detalles abajo).

El penoso gobierno de la regla monetaria reciente

Y, lógicamente, uno ha de plantearse qué tiene que ofrecer de nuevo o puede aportar al debate sobre la cuestión tratada.  Por un lado, señalamos el gran desconcierto, e incluso ignorancia, existente en torno a lo que es el dinero y a las leyes que lo gobiernan. Y es que se olvida que el mercado monetario es una auténtica excepción en las llamadas economía de mercado, pues es un mercado gobernado por los Estados a través de los bancos centrales nacionales. En este sistema, el dinero ya no lo elije el mercado, sino que es una creación de la ley mediante el decreto de su curso legal forzoso. En este mercado, tan importante para el buen funcionamiento de la economía, todo pivota sobre las decisiones de un banco central monopolista. A la vista de la crisis actual, podemos aseverar que el desconcierto es extensible incluso a muchos economistas. Gran parte de la profesión no ha estudiado estas cuestiones y por tanto las ignora en sentido estricto, o bien prefieren dejarlas de lado, en un ejercicio de pereza intelectual alarmante y muy costoso a la postre para todos.

 Por otro lado, la regla monetaria manejada por los bancos centrales ha resultado no sólo fallida, sino además una de las principales causantes de la crisis actual. Y es en ello en lo que nos centramos principalmente en el resto del libro.

La “ley de la física monetaria”

Después de tres décadas de subordinación de los bancos centrales a las necesidades financieras crecientes de Estados en expansión, la combinación de déficit y deuda pública, así como inflación y desempleo masivos en los años 70 despertaron a la mayoría del plácido sueño de la “era keynesiana”. Los gobiernos, a regañadientes, reconocieron que lo mejor que podían hacer era delegar la política monetaria en manos de un banco central independiente, encargado de preservar el poder de compra de la moneda. Por fin, parece que atendieron a la que hemos llamado la “ley de la física monetaria”: una de esas pocas certezas con que contamos en la economía, que asevera que habrá inflación cuando crezca la oferta de medios de pago por encima del crecimiento real de la economía.

De la estabilidad de precios a la estabilidad monetaria

El reconocimiento de los límites de la política monetaria en la década de los años 80 y 90 fue un avance, sin duda; pero a la vista está que insuficiente. A su explicación dedicamos otra buena parte del libro. Y es que de nuevo hemos visto que los bancos centrales decían preservar la estabilidad de compra de la moneda cuando realmente no lo hicieron. Jugaron de nuevo a ser dioses y a controlar el ciclo económico, creyendo que la estabilidad de un índice como el IPC era un buen indicador de la estabilidad del poder de compra del dinero. Un gran error. La consecuencia ha sido un crecimiento excesivo y prolongado de la oferta monetaria, que ha terminado por desajustar la estructura productiva. Ahora los costes de todo ello son desgraciadamente familiares para todos.

Por todo ello, al final del libro nos atrevemos a plantear una regla monetaria que pueda mejorar el desgobierno reciente de la oferta de dinero; una regla que suponga una cura de humildad para los economistas y bancos centrales y les recuerde que sólo deben conseguir objetivos que estén verdaderamente bajo su control: la estabilidad monetaria. En definitiva proponemos que lo mejor que puede hacer quien sostiene la oferta de liquidez de la economía es conseguir su estabilidad a lo largo del tiempo; sin vaivenes que tengan que ver con la persecución de políticas expansivas de la actividad económica que ya sabemos en qué terminan.

Juan Castañeda

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José Antonio de Aguirre y Juan E. Castañeda Fernández: “Una crisis económica sorprendente (2007-2012)”. Ediciones Aosta. Madrid

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El auténtico J. M. Keynes en acción

Hoy les hago un regalo; les invito a unas gotas de Keynes; pero del Keynes auténtico, de John Maynard y no de la caricatura que hicieron (y siguen haciendo de él) muchos de sus pretendidos seguidores, quienes en muchas ocasiones han invocado las palabras de su maestro en vano.  Hasta donde sé, son pocas las intervenciones que han quedado grabadas con la voz del excelente economista británico. Una de ellas la podrán disfrutar en el enlace que aparece a continuación. Se trata de unas breves palabras de Keynes del año 1931 con las que celebra el reciente abandono de la libra del sistema del patrón oro; de los que Keynes llamó las “gold fetters” (grilletes dorados).

Como bien saben los historiadores del pensamiento económico, Keynes lideró una auténtica campaña en favor del abandono del patrón oro en Inglaterra; que se ha recogido en los artículos de prensa recopilados en sus Ensayos de Persuasión (1931). Este país había sido el único que, tras la Primera Guerra Mundial, había vuelto al patrón oro pero a la paridad de la libra esterlina previa a la guerra. Es cierto que ello obligó a una notable deflación interior, ya que el Banco de Inglaterra tuvo que desarrollar durante largo tiempo una política monetaria deliberadamente restrictiva para cumplir con tal paridad. El cumplimiento de este duro objetivo nacional, en un contexto internacional en el que el resto de países o bien no retomaron el patrón oro o lo hicieron a un tipo de cambio menos exigente que el de la preguerra, llevó aparejadas no pocas consecuencias negativas para la actividad real claro. Además, con la adopción de la paridad libra-oro de la preguerra las industrias inglesas se enfrentaban con fuertes dificultades para vender sus bienes en el exterior. Y es ésto precisamente contra lo que luchó Keynes desde el final de la Gran Guerra.

Por ello, en esta breve intervención celebra Keynes el anuncio del abandono de las “cadenas doradas”. En muy pocas palabras, Keynes apela a la recuperación del sector exterior como vía para aliviar y potenciar la ya maltrecha industria nacional en esos años.  Y es esta medida la que ahora, nos guste o no, no pueden adoptar los países de la zona euro. En su lugar, sólo nos queda practicar lo que ya muchos llaman una devaluación interior. Es muy sencillo; si no podemos bajar nuestro nivel de precios y costes a través de un único precio (el tipo de cambio de la moneda), tendrán que ser todos y cada uno de los demás precios los que habrán de ajustarse a la baja. Eso sí, la sencillez expositiva esconde, naturalmente, fuertes costes políticos y de negociación entre las partes implicadas en esta verdadera deflación (real).

Eso sí, es importante recordar que Keynes propuso esta medida tan extraordinaria en un contexto igualmente fuera de lo normal, de fuerte deflación y recesión vivida en su país;  escenario que aún está lejos de ser el actual; a pesar de todos los males que estamos padeciendo. Pero bueno, por un día, dejemos la crítica para otra ocasión sobre el mal uso que se puede hacer (y se ha hecho) de esta medida. Y ni entremos mejor hoy en el mal uso que ha generado el desarrollo de políticas monetarias sin un ancla ni regla monetaria clara.

Que disfruten de un economista brillante en sus propias palabras. Ni sus adversarios más enconados podrán negarle esa capacidad que tenía para analizar los problemas de su época, adaptarse a la coyuntura y llegar a la gente con claridad y rotundidad.

Si me permiten, un último consejo; recelen de las copias, acudan siempre al original.

http://www.youtube.com/watch?v=U1S9F3agsUA&feature=autoplay&list=ULU1S9F3agsUA&lf=mfu_in_order&playnext=1

Juan Castañeda

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