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Posts Tagged ‘Draghi’

(Publicado originalmente en el diario en internet Oroyfinanzas.com bajo el título, “Inédito: El BCE fuerza a los Estados que soliciten crédito”, el 10 de septiembre de 2012.)

La “Vieja Dama” del continente se suelta la melena

 

Mucho se ha hablado y publicado sobre las decisiones adoptadas el pasado día 6 de septiembre por el Consejo de Gobierno del BCE. En pocas palabras, el BCE decidió simple y llanamente actuar como un banco central nacional tradicional y prestar abiertamente a los Estados nacionales en apuros.  Realmente no se ha innovado nada, ya que los bancos centrales se crearon en la Edad Moderna precisamente para ese fin. Eso sí, el BCE ha ido un poco más allá,  pues ha tenido que tomar el liderazgo en esta decisión. Y es que con la decisión del jueves pasado el BCE ha tenido que llenar, por la vía de los hechos, el atronador vacío institucional que acompañaba al euro desde su creación en 1999, y que se ha hecho penosamente evidente con la (primera) crisis de la Eurozona. ¿Como lo ha hecho? Es sencillo, actuando como si fuera el banco central de un Estado único.

El BCE da el paso adelante

La única diferencia relevante es que, a diferencia de cómo venía prestando a los Estados tradicionalmente, ha sido el propio banco central “nacional” de la Eurozona, el BCE, el que se ha visto forzado a pedir a los Estados que le soliciten el crédito. ¡Esto sí que es inédito! Como una imagen vale más que mil palabras, el genial James Gillray plasmó en esta caricatura a finales del siglo XVIII cómo se veía ya entonces esta financiación tan privilegiada del Estado; tal y como detallo algo más aquí.

Gillray retrata al primer ministro inglés asaltando las arcas del Banco de Inglaterra para poder financiarse; Banco representado por una enfurecida  vieja dama (de ahí que se le conozca como la Vieja Dama desde entonces) ¡Lo único innovador es que ahora es el propio BCE el que pide ser “asaltado”!

¿Un rescate irresponsable?

Muchos analistas ven en este sobrevenido rol del BCE el inicio de un rescate irresponsable de Estados con verdaderos problemas de solvencia. Para saber si es realmente así, podemos aplicar los criterios que ya propusiera el gran economista británico del siglo XIX, Walter Bagehot, para decidir cuándo y cómo se debía ayudar a un banco en crisis; criterios que fueron adoptados en la práctica de manera exitosa durante más de cien años (no así en la reciente crisis). De acuerdo con Bagehot, el banco central debía prestar al banco con problemas de liquidez de manera ilimitada siempre que (1) el banco tuviera activos que respaldaran ese crédito, así como (2) el préstamo fuera a un tipo de interés mayor que el normal del mercado. Pasado el momento de crisis o de pánico, el banco devolvería el crédito por lo que el aumento de la liquidez sería solo temporal y por tanto no inflacionista. ¿Eficaz y sencillo verdad? Pues bien, sustituyan “banco” por “Estados” y darán con una buena guía para evaluar el paso dado por el BCE. Enumero muy brevemente algunas de sus características:

(i) El BCE podrá comprar ilimitadamente deuda de los países en crisis en el mercado secundario.

(ii) Lo hará siempre que lo solicite formalmente el Estado en cuestión, que habrá de someterse a las condiciones exigidas por la UE para garantizar la devolución del crédito. (iii) ¿A que tipo de interés? Desde luego que será superior al del mercado en tiempos normales. Y (iv) para evitar que sea inflacionario, el BCE se ha comprometido a “esterilizar” el efecto de estos préstamos. Disculpen por la jerga de la que acabo de ser presa; con esterilizar quiere el banco central aclarar que reducirá por otros medios la cantidad de dinero en circulación, de modo que no aumente la oferta de dinero y con ello evite riesgos de inflación a medio y largo plazo.

Se inferiría de estas condiciones que solo se prestará a los países (solventes) que se estime sean capaces de devolver el crédito. Si de verdad nos creemos que es eso, un crédito condicionado para asegurar su devolución, entonces no será posible el rescate de un país realmente insolvente. Siendo así, ¿de verdad que se dejará caer a un país que se estime sea insolvente? Lo dudo. Fíjense, el mismo jueves pasado el BCE anunció también que aceptaría de nuevo sin límite los títulos de deuda de los países rescatados como garantía para conceder un crédito. Recuerden cómo funciona el modelo tradicional, nos guste o no: un banco central, una moneda y, ahora, un tesoro únicos. Hacia eso nos encaminados.

 Juan Castañeda

 

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Publicado en el portal OroyFinanzas (13 de Agosto de 2012), titulado: “España debe bajar sueldos para competir”

 

España; ajustes, sueldos y productividad

 

 Como nos ha recordado hace unos días el Sr. Draghi, Presidente del Comité Ejecutivo del BCE, los salarios deben bajar en España si queremos salir de la recesión actual. Ahora bien, me temo que únicamente con ello no saldremos del callejón sin salida en que estamos metidos. Es cierto que los países del sur de Europa han perdido desde hace años competitividad, siendo sus costes laborales unitarios (CLU) muy superiores a los de la Europa central. Los CLU miden sencillamente los costes salariales (nominales) por cada unidad producida, por lo que son un indicador de la productividad del factor trabajo. Si comparamos los CLU en Europa, vemos que los países donde han crecido más ha sido, por este orden, en Grecia, Irlanda, Italia, España, Portugal y Francia.

¿Nos les resulta demasiado casual que sean casi todos estos países los que hayan sido rescatados o estén en trámites de serlo? Por tanto sí, algo de razón seguro que tiene el Sr. “Gobernador” del BCE. Claro que este argumento, por contundente que pueda ser, no agota la explicación de la falta de productividad de la economía española en absoluto. Es más, hay quienes cuestionan este indicador como medio para medir la productividad de estos países porque realmente no podemos compararnos con la capacidad y variedad exportadora de economías como la alemana; que exporta una amplia gama de productos industriales, hoy por hoy, dirigida a un segmento muy especializado y de alto valor añadido de los mercados mundiales.

De ello se deduciría que la comparación no es del todo adecuada ya que, por ejemplo en el caso español, dirige la oferta productiva a otro tipo de mercados y productos menos complejos, tecnológicamente hablando, y de menor valor añadido; por lo que realmente no estaría compitiendo por los mismos mercados.

Costes laborales y productividad en España

Aun teniendo estos matices en cuenta, es claro que, en lo que atañe a España, una mejora de la productividad es más que necesaria y, me temo que mientras la conseguimos, pues lleva tiempo, no queda otra que aplicar políticas de ajuste que bajen los costes productivos (lo que incluye el salario nominal y también los seguros sociales). Por tanto, tenemos ante nosotros dos estrategias de superación de la crisis: Una de corto plazo, consistente bajar los costes laborales y así recuperar competitividad con nuestros socios europeos. En ausencia de la posibilidad de devaluar la moneda claro, ello pasaría por:

(1) o bien provocar una deflación aun mayor de salarios y precios que abarate nuestras exportaciones, deflación que según varias estimaciones rondaría un recorte del 10-15%;

(2) o bien por provocar una expansión fiscal y monetaria en la Europa central (Alemania, Holanda, Austria) que resulte en mayor inflación en esos países. De esta forma, la mayor actividad en esos países fomentaría su demanda exterior (p.e. de productos españoles) y, además, la inflación resultante en esos países abarataría (relativamente) la oferta exportadora de los países mediterráneos. Ello sin duda aliviaría los costes sociales de esa deflación interior en la que andamos ya penosamente metidos, y constituye buena parte de los debates de política económica que están teniendo lugar entre los socios de la Eurozona.

 La otra estrategia, que es complementaria y de más largo alcance, pasaría por mejorar el capital humano y tecnológico de la economía española para mejorar la productividad española sobre bases más sólidas; de modo que podamos diversificar la oferta y centrarnos en sectores de alto valor añadido. Pues bien, me temo que esta última estrategia, muy relevante a la postre para mejorar las posibilidades económicas del país, está casi olvidada. Por favor, Sr. Presidente del Gobierno de España, no perdamos esta perspectiva.

Juan Castañeda

 

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(Artículo publicado originalmente en el diario digital OroyFinanzas, el 30 de julio de 2012).

 

Sr. Draghi, el BCE es un banco central más

 

Lo queramos o no, el Banco Central Europeo (BCE) fue concebido como el nacimiento de un banco central nacional; eso sí, de entonces once y ahora nada más y nada menos que de diecisiete naciones distintas. Esta sencilla constatación está en la base del agravamiento de la crisis de las deudas nacionales por las que han atravesado y aún sufren muchos de sus países miembros. Primero Grecia, seguida de Portugal e Irlanda, y ahora parece que le toca el turno a España e Italia. Es una sucesión de caídas de los tesoros nacionales que responde al mal gobierno de las cuentas públicas claro, pero cuya precipitación descansa, por encima de cualquier otro motivo, en la creación de una moneda como si hubiera un Estado único que la respaldara. Pues bien, ha hecho falta sólo una crisis financiera, cierto que importante, para comprobar su fragilidad y destapar el tarro de las contradicciones institucionales de la moneda única.

Otra moneda nacional, otro banco central nacional

Hasta ahora, de respaldo de la moneda, casi nada de nada. Ha costado “sangre, sudor y lágrimas” que los Estados miembros se percataran de las consecuencias fatales de esa ausencia de algún tipo de tesoro o hacienda supranacional europea, y luego dieran pasos efectivos para crear, sobre la marcha, fondos de rescate para ayudar a los países miembros. Algunos tacharán esta solución hacia la que vamos como indeseable, por devenir en mayor centralización y peso de un gobierno paneuropeo. Lo comparto, pero no es ahora cuando tenemos que discutir sobre ello. ¿Acaso no se defendía el proyecto del euro en los 90 como una vía para profundizar en el proceso de integración europea, hacia la supuesta panacea de la integración política y económica de las naciones participantes? ¿De verdad que la adhesión al euro era sólo una decisión de naturaleza económica, basada en una evaluación racional de sus costes y beneficios? ¡Desde luego que no! No olvidemos que un país como el Reino Unido se apartó en su momento de este proyecto dado que, según argumentaban sus críticos, supondría a la larga de una manera u otra la cesión de soberanía fiscal a Europa, además de la monetaria claro.

Pues bien, fue dentro de este proyecto político paneuropeo que impulsaba frenéticamente las ruedas del euro cuando se crearon las reglas que lo gobernarían y mantendrían como una moneda fuerte. Destacaremos dos que han saltado como costuras de un traje mal hilvanado: (1) La prohibición del rescate de Estados y (2) La independencia del BCE y la prohibición de préstamo a los Estados.

Pues bien, parece como si el BCE “pasara por aquí”, y que la crisis actual no le incumbiera. Su presidente, en una sucesión de contradicciones alarmante, por un lado nos recuerda esas reglas iniciales del euro y que, por tanto, no está el BCE para financiar Estados deficitarios; y, por otro lado, cuando la situación se acerca al colapso, se pone el traje de presidente del banco que emite el euro y compra deuda de esos Estados de manera más o menos indirecta, así como llega a afirmar, faltaría más, que respaldará la supervivencia de su propia moneda.

Disculpe Sr. Draghi, pero el tiempo en que nos creíamos que el BCE podía ser un banco central diferente, plenamente comprometido con la creación de una moneda fuerte, como si hubiera adoptado el patrón oro como ejemplo, ha pasado. Y, por la vía de los hechos, me temo que la institución que preside se ha convertido en un banco central como el resto que, de cuando en cuando, ha de enfangarse en las cuentas públicas para rescatar a los Estados de sus miserias financieras. Sí Sr. Draghi, a la postre, un banco central nacional más, muy a mi pesar.

 

Juan Castañeda

 

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