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Archive for the ‘Moneda y sistema monetario’ Category

(Artículo publicado originalmente el 24 de Septiembre de 2012 en OroyFinanzas.com)

¿Cómo se crea el dinero?

Con una semana de distancia, hemos vivido este mismo mes dos medidas protagonizadas, primero por el BCE y luego por la Reserva Federal de EEUU, destinadas a aumentar la cantidad de dinero en circulación en sus respectivas economías. En lo que se refiere a la medida anunciada por el BCE, supone el compromiso del banco central de la Eurozona de comprar ilimitadamente deuda pública de los Estados en crisis como medio para aliviar sus presiones y angustias financieras. Por su parte, la Reserva Federal ha lanzado la “tercera ronda” de las medidas de expansión cuantitativa de la oferta monetaria del país. Ambas medidas implican un aumento del dinero en circulación. No me ocuparé aquí de la idoneidad y evaluación de las medidas extraordinarias de creación de liquidez, sino de cómo crean los bancos centrales nuevo dinero para su puesta en circulación de manera ordinaria.

Las subastas de liquidez de los bancos centrales y la creacion de dinero

Muy sorprendentemente, aún son muchos los que creen que el banco central crea dinero dándole a la “máquina de imprimir billetes”. Pues bien, eso ya no es ni siquiera necesario en las economías actuales. En tiempos normales, si el banco central quiere “inyectar” dinero en la economía lo hace mediante subastas ordinarias de liquidez; que tienen lugar regularmente, una o varias veces todos los meses. Sí, digo bien, una subasta de dinero (propiamente dicho, de crédito). ¿Quiénes son los pujadores? Los bancos comerciales que operan en el área económica bajo supervisión y monopolio del banco central. ¿Y el propietario del bien subastado? El banco central monopolista en la emisión de dinero de curso legal.

El procedimiento y tipo de subasta puede ser muy variado y de hecho cambia de un banco central a otro. Digamos que, por regla general, los bancos acuden a esas subastas de liquidez para pedir el dinero que cada una de ellas estima necesitará para (1) responder a las necesidades de sus depositantes y (2) ampliar su propio negocio bancario hasta la fecha de la siguiente subasta de crédito del banco central. ¿Y el precio del crédito? ¿Quién fija el tipo de interés? Lo hace el banco central claro, de acuerdo con son sus objetivos de política monetaria; y sólo serán aquellos bancos que ofrecieron un precio igual o superior al fijado por el banco central quienes obtendrán la financiación deseada por este cauce ordinario. Los que arriesgaron demasiado y ofrecieron un tipo de interés demasiado bajo habrán de acudir después al mercado interbancario y al préstamo extraordinario del banco central; eso sí, en ambos casos pagando un precio por el crédito sin duda mayor.

El dinero como asiento contable

Una vez asignado el crédito a cada entidad bancaria al precio fijado por el banco central, el modo efectivo de proveer ese dinero a los bancos se realiza mediante las llamadas “operaciones de mercado abierto”; por las que, en el caso de la inyección de dinero en la economía, el banco central compra títulos de deuda pública a los bancos comerciales. Con ello, retira títulos de deuda pública del mercado y paga con dinero nuevo esa compra. Ahora bien, ¿cómo les paga el banco central esos títulos financieros a las entidades bancarias?, ¿imprimiendo nuevos billetes y acuñando monedas? Ya no es necesario; al menos no por la cantidad del dinero nuevo “creado”. Únicamente anotará (contablemente) el ingreso correspondiente en la cuenta corriente que cada banco comercial tiene en su banco central. El dinero ha pasado a ser eso, un asiento contable. Y es que en los actuales sistemas monetarios, puramente fiduciarios, el dinero es creado de manera electrónica o, como suele escucharse, “de la nada”.

Por ello, técnica y potencialmente, su oferta podría ser ilimitada. Además, la creación de este tipo de dinero es mucho más barata que lo que muchos piensan: ¡ni siquiera ha de incurrir el banco central (o el Estado) en los costes de la impresión física de billetes! Sólo habrá de imprimir la cantidad de billetes que los bancos comerciales soliciten de su cuenta en el banco central para, a su vez, atender a las demandas de liquidez de sus depositantes.

Habrán notado, y de no ser así se lo hago notar yo ahora mismo, la importancia esencial que tienen los títulos de deuda pública en este proceso de creación del “dinero moderno”. Sólo estos títulos de deuda pública son los aceptados por los bancos centrales (al menos en tiempos normales) para conceder crédito a los bancos. Ello no es en absoluto casual. No creo que les resulte extraño que haya una conexión sospechosamente íntima entre la financiación del Estado y la creación de dinero. Pero en fin, este es asunto que bien merece otro artículo (1).

Juan Castañeda

Notas:

(1) Puede consultarse esta otra entrada al blog donde analicé esta relación tan importante: https://theoldladyofthreadneedlestreet.wordpress.com/2011/07/05/el-estado-y-el-banco-central-una-coalicion-de-intereses/

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(Artículo publicado originalmente en el diario OroyFinanzas, el 17 de Septiembre de 2012

El patrón oro, también una cuestión de poder y hegemonía

Es evidente que hay una relación entre el buen o mal gobierno de las monedas fiduciarias y el precio del oro. Cuando la gente estima que las monedas nacionales se van a depreciar, como resultado de lo que consideran políticas monetarias y fiscales demasiado expansivas, insostenibles a medio y largo plazo, aumenta la demanda de oro y se dispara su precio claro. Así ocurrió durante las crisis del dólar americano durante los años 70 del siglo pasado y ha vuelto a ocurrir desde mediados de los años 2000; lo que se ha constatado con más intensidad tras el estallido de la crisis financiera en los años 2007 y 2008. Es de todos bien conocida esta propiedad del oro como valor refugio del poder adquisitivo de los ahorradores, que ha sido “testada” y funcionado realmente bien a lo largo de muchos años (siglos).

Fuente imagen: Wikipedia commons

Otra cosa bien distinta es defender una vuelta al patrón oro, pero que muy distinta. Supone dar unos cuantos pasos más allá para cambiar no sólo el sistema monetario tal y como lo conocemos, sino también las reglas de juego de la sociedad en una economía de mercado. Es este precisamente el núcleo de la conversación que mantuve sobre este tema con Luís Iglesias en su programa “Conversaciones en libertad”. Hablamos allí de las condiciones necesarias para poder mantener un sistema de patrón oro, de sus consecuencias económicas y sociales, de cómo fijar o bien dejar libre el precio del oro, así de cómo se conduciría la política monetaria bajo ese régimen de emisión de moneda. Como ven, no es poco.

El oro y la hegemonía mundial

En otros trabajos me he centrado en las implicaciones técnicas de esta cuestión. Ciertamente son muy relevantes pero me atrevo a decir que de segundo orden comparadas con las consecuencias políticas que acarrearía esta decisión; tanto en lo referente a los cambios

(1) de modelo social y económico que traerían aparejados como (2) a los que resultarían por la disputa de la hegemonía económica mundial. Y es a estas últimas a las que me referiré, si quiera brevemente, a continuación.

Los países que a lo largo de la historia reciente han impulsado un sistema de patrón oro como norma de regulación de la oferta de dinero a escala internacional han sido siempre, y no por causalidad, los países más prósperos y poderosos económica y políticamente. Así lo fue la Inglaterra del siglo XIX (hasta la “Gran Guerra”) y así lo fue EEUU tras la Segunda Guerra Mundial (al menos entre los países democráticos y las economías de mercado). Cierto es que los sistemas de patrón oro liderados por ambos países distan mucho de ser iguales; pero al menos sí compartían la existencia de un anclaje final de sus monedas nacionales en el oro a una paridad o precio fijo. A ambos países les convino en cada momento histórico la estabilidad del sistema monetario, lo que les permitió expandir sus operaciones comerciales y financieras por todo el mundo. Y es que no descubro el Mediterráneo cuando afirmo que una moneda estable es un requisito esencial para la prosperidad comercial y económica.

¿Quién lideraría el cambio a un patrón oro ahora?

EEUU sería el primer candidato; es la superpotencia política y militar del mundo, así como aún la principal economía mundial. Además, es el principal poseedor de reservas oficiales en oro (alrededor del 25% del total mundial). A pesar de todo ello, no creo que de verdad apueste por volver al patrón oro. La razón es sencilla; ha dejado de ser desde hace décadas la economía más productiva del mundo. Tiene una balanza comercial muy, muy deficitaria desde los años 70, que ha de financiar año a año con entradas de ahorro exterior en forma de préstamos. Hasta ahora, el hecho de emitir su deuda en la aún principal moneda de reserva internacional le permite financiarse más fácilmente y sin duda a un bajo coste.

De adoptar el bajo el patrón oro clásico, gobernado por el Estado, ya no sería así. Al quedar fijado el tipo de cambio del dólar con el oro, ante el recurrente déficit comercial americano, la Reserva Federal de EEUU habría de utilizar el oro de sus reservas para mantener la cotización del dólar; ello conllevará salidas netas y masivas de oro a los países con quienes mantienen ese déficit comercial (China, países del sudeste asiático y algunos países europeos). En pocos años, la Reserva Federal agotaría sus reservas de oro y la potencia económica encargada del “manejo” del patrón oro habría de suspender la relación con el oro y devaluar su moneda. En definitiva, en muy poco tiempo la dinámica de funcionamiento del patrón oro revelaría los enormes desequilibrios de países como EEUU, ya que pronto impondría costes y límite al insostenible exceso de gasto que la economía americana, tanto de agentes privados como del Estado; exceso de gasto que aún puede permitirse precisamente porque los actuales patrones monetarios, puramente fiduciarios, permiten un manejo más “flexible” de la moneda y así esquivar (que no evitar) por un tiempo el ajuste del gasto que más tarde o más temprano habrá de llegar.

Juan Castañeda

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Nota: Puede accederse directamente al audio de la conversación en la que se basa este artículo aquí:

http://educacionparalalibertad.com/2012/09/15/hay-un-futuro-monetario-para-el-oro/

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Una cura de humildad

 

Uno siempre ha de ser muy cauto a la hora de, si quiera plantearse, escribir algo  destinado a su divulgación. Esa cautela ha de ser aún mayor si lo hace en un campo como el de la economía que, como ya nos decía Karl Menger hace más de un siglo,  estudia las consecuencias no necesariamente intencionadas de las decisiones humanas. ¡Menudo reto! Y cuando digo decisiones me refiero a verdaderas decisiones humanas tomadas en entornos inciertos, con información y conocimientos limitados, en los que la gente persigue fines que proyecta, revisa y rectifica a lo largo del tiempo.  En fin, todo un rompecabezas de infinitas piezas y ciertamente dinámico, que ni siquiera conoceremos nunca con certeza. Es en esta especie de arenas movedizas en las que penosamente nos movemos quienes nos dedicamos a estudiar la economía.

Hemos jugado a ser dioses durante demasiado tiempo. Nos hemos (¡y seguimos!) enredado en grandes modelos macroeconómicos con los que creíamos podíamos identificar los males de la economía y corregirlos a discreción; como si eso fuera posible. La lógica parece rotunda: la autoridad económica, asesorada por un cuerpo de economistas y económetras, identifica un funcionamiento “subóptimo” o “no eficiente” de la economía, y utiliza los instrumentos bajo su control para alcanzar la situación óptima deseada en cada momento. ¿Acaso alguien no querría alcanzar una situación óptima que, por su propia definición, es la mejor de las alternativas posibles? El problema es que en la vida real lo óptimo está fuera de nuestro alcance: ya sea por la incertidumbre que nos rodea o ya sea sencillamente porque muchos de los objetivos de política económica no están bajo el control de las autoridades. Como verán, la reivindicación de esta mayor humildad intelectual entre la profesión de economistas preside el libro que José Antonio Aguirre y yo mismo acabamos de publicar sobre la crisis económica reciente (ver detalles abajo).

El penoso gobierno de la regla monetaria reciente

Y, lógicamente, uno ha de plantearse qué tiene que ofrecer de nuevo o puede aportar al debate sobre la cuestión tratada.  Por un lado, señalamos el gran desconcierto, e incluso ignorancia, existente en torno a lo que es el dinero y a las leyes que lo gobiernan. Y es que se olvida que el mercado monetario es una auténtica excepción en las llamadas economía de mercado, pues es un mercado gobernado por los Estados a través de los bancos centrales nacionales. En este sistema, el dinero ya no lo elije el mercado, sino que es una creación de la ley mediante el decreto de su curso legal forzoso. En este mercado, tan importante para el buen funcionamiento de la economía, todo pivota sobre las decisiones de un banco central monopolista. A la vista de la crisis actual, podemos aseverar que el desconcierto es extensible incluso a muchos economistas. Gran parte de la profesión no ha estudiado estas cuestiones y por tanto las ignora en sentido estricto, o bien prefieren dejarlas de lado, en un ejercicio de pereza intelectual alarmante y muy costoso a la postre para todos.

 Por otro lado, la regla monetaria manejada por los bancos centrales ha resultado no sólo fallida, sino además una de las principales causantes de la crisis actual. Y es en ello en lo que nos centramos principalmente en el resto del libro.

La “ley de la física monetaria”

Después de tres décadas de subordinación de los bancos centrales a las necesidades financieras crecientes de Estados en expansión, la combinación de déficit y deuda pública, así como inflación y desempleo masivos en los años 70 despertaron a la mayoría del plácido sueño de la “era keynesiana”. Los gobiernos, a regañadientes, reconocieron que lo mejor que podían hacer era delegar la política monetaria en manos de un banco central independiente, encargado de preservar el poder de compra de la moneda. Por fin, parece que atendieron a la que hemos llamado la “ley de la física monetaria”: una de esas pocas certezas con que contamos en la economía, que asevera que habrá inflación cuando crezca la oferta de medios de pago por encima del crecimiento real de la economía.

De la estabilidad de precios a la estabilidad monetaria

El reconocimiento de los límites de la política monetaria en la década de los años 80 y 90 fue un avance, sin duda; pero a la vista está que insuficiente. A su explicación dedicamos otra buena parte del libro. Y es que de nuevo hemos visto que los bancos centrales decían preservar la estabilidad de compra de la moneda cuando realmente no lo hicieron. Jugaron de nuevo a ser dioses y a controlar el ciclo económico, creyendo que la estabilidad de un índice como el IPC era un buen indicador de la estabilidad del poder de compra del dinero. Un gran error. La consecuencia ha sido un crecimiento excesivo y prolongado de la oferta monetaria, que ha terminado por desajustar la estructura productiva. Ahora los costes de todo ello son desgraciadamente familiares para todos.

Por todo ello, al final del libro nos atrevemos a plantear una regla monetaria que pueda mejorar el desgobierno reciente de la oferta de dinero; una regla que suponga una cura de humildad para los economistas y bancos centrales y les recuerde que sólo deben conseguir objetivos que estén verdaderamente bajo su control: la estabilidad monetaria. En definitiva proponemos que lo mejor que puede hacer quien sostiene la oferta de liquidez de la economía es conseguir su estabilidad a lo largo del tiempo; sin vaivenes que tengan que ver con la persecución de políticas expansivas de la actividad económica que ya sabemos en qué terminan.

Juan Castañeda

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José Antonio de Aguirre y Juan E. Castañeda Fernández: “Una crisis económica sorprendente (2007-2012)”. Ediciones Aosta. Madrid

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(Publicado originalmente en el diario en internet Oroyfinanzas.com bajo el título, “Inédito: El BCE fuerza a los Estados que soliciten crédito”, el 10 de septiembre de 2012.)

La “Vieja Dama” del continente se suelta la melena

 

Mucho se ha hablado y publicado sobre las decisiones adoptadas el pasado día 6 de septiembre por el Consejo de Gobierno del BCE. En pocas palabras, el BCE decidió simple y llanamente actuar como un banco central nacional tradicional y prestar abiertamente a los Estados nacionales en apuros.  Realmente no se ha innovado nada, ya que los bancos centrales se crearon en la Edad Moderna precisamente para ese fin. Eso sí, el BCE ha ido un poco más allá,  pues ha tenido que tomar el liderazgo en esta decisión. Y es que con la decisión del jueves pasado el BCE ha tenido que llenar, por la vía de los hechos, el atronador vacío institucional que acompañaba al euro desde su creación en 1999, y que se ha hecho penosamente evidente con la (primera) crisis de la Eurozona. ¿Como lo ha hecho? Es sencillo, actuando como si fuera el banco central de un Estado único.

El BCE da el paso adelante

La única diferencia relevante es que, a diferencia de cómo venía prestando a los Estados tradicionalmente, ha sido el propio banco central “nacional” de la Eurozona, el BCE, el que se ha visto forzado a pedir a los Estados que le soliciten el crédito. ¡Esto sí que es inédito! Como una imagen vale más que mil palabras, el genial James Gillray plasmó en esta caricatura a finales del siglo XVIII cómo se veía ya entonces esta financiación tan privilegiada del Estado; tal y como detallo algo más aquí.

Gillray retrata al primer ministro inglés asaltando las arcas del Banco de Inglaterra para poder financiarse; Banco representado por una enfurecida  vieja dama (de ahí que se le conozca como la Vieja Dama desde entonces) ¡Lo único innovador es que ahora es el propio BCE el que pide ser “asaltado”!

¿Un rescate irresponsable?

Muchos analistas ven en este sobrevenido rol del BCE el inicio de un rescate irresponsable de Estados con verdaderos problemas de solvencia. Para saber si es realmente así, podemos aplicar los criterios que ya propusiera el gran economista británico del siglo XIX, Walter Bagehot, para decidir cuándo y cómo se debía ayudar a un banco en crisis; criterios que fueron adoptados en la práctica de manera exitosa durante más de cien años (no así en la reciente crisis). De acuerdo con Bagehot, el banco central debía prestar al banco con problemas de liquidez de manera ilimitada siempre que (1) el banco tuviera activos que respaldaran ese crédito, así como (2) el préstamo fuera a un tipo de interés mayor que el normal del mercado. Pasado el momento de crisis o de pánico, el banco devolvería el crédito por lo que el aumento de la liquidez sería solo temporal y por tanto no inflacionista. ¿Eficaz y sencillo verdad? Pues bien, sustituyan “banco” por “Estados” y darán con una buena guía para evaluar el paso dado por el BCE. Enumero muy brevemente algunas de sus características:

(i) El BCE podrá comprar ilimitadamente deuda de los países en crisis en el mercado secundario.

(ii) Lo hará siempre que lo solicite formalmente el Estado en cuestión, que habrá de someterse a las condiciones exigidas por la UE para garantizar la devolución del crédito. (iii) ¿A que tipo de interés? Desde luego que será superior al del mercado en tiempos normales. Y (iv) para evitar que sea inflacionario, el BCE se ha comprometido a “esterilizar” el efecto de estos préstamos. Disculpen por la jerga de la que acabo de ser presa; con esterilizar quiere el banco central aclarar que reducirá por otros medios la cantidad de dinero en circulación, de modo que no aumente la oferta de dinero y con ello evite riesgos de inflación a medio y largo plazo.

Se inferiría de estas condiciones que solo se prestará a los países (solventes) que se estime sean capaces de devolver el crédito. Si de verdad nos creemos que es eso, un crédito condicionado para asegurar su devolución, entonces no será posible el rescate de un país realmente insolvente. Siendo así, ¿de verdad que se dejará caer a un país que se estime sea insolvente? Lo dudo. Fíjense, el mismo jueves pasado el BCE anunció también que aceptaría de nuevo sin límite los títulos de deuda de los países rescatados como garantía para conceder un crédito. Recuerden cómo funciona el modelo tradicional, nos guste o no: un banco central, una moneda y, ahora, un tesoro únicos. Hacia eso nos encaminados.

 Juan Castañeda

 

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(Artículo publicado iriginalmente en OroyFinanzas, Madrid, 3 Septiembre 2012) 

¿Una vuelta al patrón oro en EEUU?

 
Influidos o no por el congresista americano Ron Paul, conocido crítico de la Reserva Federal y el sistema de emisión puramente fiduciario, la convención nacional del Partido Republicano de la pasada semana convocó una comisión para el estudio de la vuelta al patrón oro en EEUU. Sí, nada más y nada menos que la vuelta al patrón oro. ¿Por qué ahora? Eso es sencillo. En un momento de tanta inestabilidad financiera como la vivida desde 2007, ahorradores privados, inversores institucionales y hasta los bancos centrales parecen haber encontrado de nuevo un buen refugio para sus ahorros y reservas en el dorado metal; de ahí que su precio se haya disparado en los años 2000, como ya antes lo hiciera durante las crisis del petróleo en los años 70.

Es en estos momentos de incertidumbre cuando la tan a menudo, en tiempos de bonanza, peyorativamente llamada reliquia bárbara (J. M. Keynes, 1923) parece no serlo tanto, y todos parecen caer en la cuenta de su mayor capacidad para mantener el poder de compra a largo plazo. Pero esto es una cosa y otra sería proponer el oro como ancla del sistema monetario. De adoptarse, supondría una vuelta al sistema anterior a la Segunda Guerra Mundial, que limitaba el crecimiento de la oferta monetaria dada la necesidad de mantener la convertibilidad de los billetes emitidos en oro a una paridad fijada de antemano. Sus ventajas no se nos escapan: en esencia, crecimiento monetario limitado y verdadera estabilidad del poder de compra del dinero a medio y largo plazo.

¿Quién fija el precio del oro?

Como sucede en cualquier mercado y con cualquier mercancía, y el oro también lo es, el dato fundamental es el precio que regule la relación entre el dólar y el oro. Este precio puede ser fijado por el Estado, como cuando determina el tipo de cambio de su moneda en términos de otra. De hecho, este fue el sistema de patrón oro clásico que funcionó entre 1870 y 1914, ya que era el Estado (a través de un banco central monopolista) quien fijaba la paridad de la moneda nacional respecto al oro y se comprometía a convertir a la vista todo billete emitido a ese precio (a esa paridad).

O, como bien sugería Milton Friedman en 1961 quien decida el precio como sucede normalmente en una economía de mercado. El precio debería rondar los 1.500 o 1800 dólares la onza de oro, tal y como cotiza en el mercado en los últimos meses.

Una equivocación en la fijación de este precio del oro sería fatal para la economía:

(a) Un precio muy alto en términos de dólares por onza (mayor al citado intervalo) implicaría una notable devaluación del dólar y así la posibilidad de caer en un crecimiento excesivo (e inflacionario) del dinero en EEUU.

(b) Un precio demasiado bajo, provocaría lo contrario: un crecimiento monetario mínimo y deflacionista, y además una moneda muy sobrevalorada que perjudicaría y mucho a las exportaciones de EEUU.

De ahí que sea mejor que el precio del oro lo determine el mercado y evitemos este problema de raíz. Una vez resuelto este problema inicial, el crecimiento anual de la oferta mundial de oro (en torno al 2% – 3% como promedio) podría servir para financiar una economía con un crecimiento similar a medio y largo plazo; por lo que no sería un sistema monetario deflacionista en absoluto.

Ahora bien, si atendemos a las indicaciones que daba Hayek para determinar si era viable el patrón oro en un país, ni siquiera en EEUU sería hoy posible. Aún siendo el país con más reservas oficiales de oro del mundo (27%), este stock sería realmente mínimo en comparación con el volumen de liquidez existente en EEUU.

Además, no tiene sentido hablar del patrón oro en un solo país, sino entre una comunidad de países que compartan este sistema monetario. De adoptarse sólo en EEUU, la mayoría de los poseedores de dólares de todo el mundo, previsiblemente desconfíen del mantenimiento de los compromisos de la Reserva Federal y pronto los canjearían por oro, lo que rápidamente agotaría sus reservas.

¿Pero sabemos realmente el “precio” del patrón oro?

¿De verdad que la sociedad actual, también la americana, está dispuesta a volver a un sistema monetario que no permite financiar a un Estado con déficits recurrentes? Bajo el patrón oro la financiación deficitaria y continuada de un elevado Estado de Bienestar es sencillamente inviable, así como la expansión del gasto público sin límite.

Así como también lo es la conducción de una política monetaria discrecional y expansiva de la liquidez, al menos potencialmente, sin límite alguno. ¿De verdad que estamos dispuestos a pagar el precio por tener más estabilidad monetaria y financiera?

Juan Castañeda

PD. Un analisis de esta cuestion fue abordado en este blog en una conferencia y articulo que disponibles en el enlace: https://theoldladyofthreadneedlestreet.wordpress.com/2012/06/06/hay-un-futuro-monetario-para-el-oro/

 

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(Publicado originalmente en OroyFinanzas, el 7 de Agosto de 2012, con el título: “Sin las ayudas del BCE, España estaría fuera de juego”)

 

El rescate silencioso del BCE

 

España (e Italia) está desde hace semanas en una situación financiera crítica. Ya sea por el peso acumulado de la deuda pública o la privada o, peor, por ambas a la vez, España necesita de la financiación externa para renovar sus préstamos y así poder afrontar sus pagos más cotidianos. El desequilibrio de las cuentas, privadas y públicas, no viene de ayer, pero sí es ahora cuando sufrimos sus consecuencias. El espectacular crecimiento del crédito que acompañó a los años de tipos de interés bajos nos condujo a elevados niveles de endeudamiento de familias y, sobre todo, de empresas, durante la última expansión. El Estado aprovechó bien esa coyuntura favorable para reducir y reestructurar su deuda: amortizó la deuda contraída en el pasado con nuevos créditos ahora a tipos mucho más bajos, lo que redujo la deuda pública española desde niveles algo superiores al 60% del PIB en 1998 hasta el 34% en 2007.
Desde entonces todo ha cambiado radicalmente. El Estado, empresas y particulares se enfrentan a tipos de interés cada vez mayores; lo que, muy particularmente desde unas semanas, está estrangulando las finanzas públicas, ya que el pago de los intereses actuales no es sostenible para una economía en recesión como la española.

El rescate del BCE a España

Ante esta situación, el gobierno español apela pública y desesperadamente a la ayuda del BCE; ¡como si no nos hubiera ayudado ya! El BCE ya viene prestando dinero (o avalando) en cantidades descomunales tanto a bancos españoles como al propio Estado, directa o indirectamente, muy especialmente desde 2010. Veamos cuánto nos ha prestado hasta ahora. Al inicio de este verano España mantenía una posición deudora de alrededor de 450 mil millones de euros en el BCE (según informa el sistema de pagos interbancarios de la Eurozona, TARGET2. ¡Son más de cuatro veces el valor del rescate bancario español (hasta 100 mil millones)! Esta cifra implica que el resto de bancos de la Eurozona nos ha financiado hasta ahora por un valor de alrededor del 40% de nuestro PIB de un año.

Y esta posición deudora está respaldada por títulos de deuda pública española que, hasta el momento, el BCE está aceptando y avalando en última instancia: cuando los bancos alemanes, franceses u holandeses comenzaron a dudar de las garantías y solvencia de los bancos españoles, el BCE acudió en nuestro rescate para respaldar los avales que presentaba la banca española a la hora de pedir un préstamo (casi todos ellos, títulos de deuda pública española).

Es este el verdadero rescate con el que nos viene asistiendo el BCE desde hace dos años y, por las cifras de las que hablamos, sorprende que pase tan desapercibido. Con ello, el BCE está asumiendo en su balance el riesgo de una posible depreciación e impago de la deuda española. Y, claro, al final son todos los Estados de la Eurozona en su calidad de accionistas del BCE quienes soportan este riesgo (Alemania con casi el 20% del capital del banco). Quizá se entienda así mejor sus reticencias a asumir más riesgo y a prestarnos más.

Por todo ello, pongamos las cosas en su sitio: sin la ayuda del resto de bancos europeos y de la función de avalista de última instancia que nos proporciona el BCE, la economía española ya hacía varios años que estaría “fuera de juego”, sin crédito (¡o bien a tipos aún mayores!) y sin capacidad para pagar sus deudas, públicas o privadas.

Dentro de esta ayuda, continuada y silenciosa, destaca y es bien conocida sólo una parte de ella, que consiste en las operaciones de compra directa de deuda pública italiana y española en que se embarcó el BCE desde el verano de 2011. Y ahora le pedimos al Banco Central Europeo que nos ayude de manera extraordinaria una vez más. No discuto aquí si ha de hacerlo o no, sólo creo que es imprescindible la perspectiva e información necesarias que nos permita valorar lo que nos lleva prestado hasta ahora nuestro banco central nacional con su “rescate” de todos los días.

 Juan Castañeda

 

 

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(Artículo publicado originalmente en el diario digital OroyFinanzas, el 30 de julio de 2012).

 

Sr. Draghi, el BCE es un banco central más

 

Lo queramos o no, el Banco Central Europeo (BCE) fue concebido como el nacimiento de un banco central nacional; eso sí, de entonces once y ahora nada más y nada menos que de diecisiete naciones distintas. Esta sencilla constatación está en la base del agravamiento de la crisis de las deudas nacionales por las que han atravesado y aún sufren muchos de sus países miembros. Primero Grecia, seguida de Portugal e Irlanda, y ahora parece que le toca el turno a España e Italia. Es una sucesión de caídas de los tesoros nacionales que responde al mal gobierno de las cuentas públicas claro, pero cuya precipitación descansa, por encima de cualquier otro motivo, en la creación de una moneda como si hubiera un Estado único que la respaldara. Pues bien, ha hecho falta sólo una crisis financiera, cierto que importante, para comprobar su fragilidad y destapar el tarro de las contradicciones institucionales de la moneda única.

Otra moneda nacional, otro banco central nacional

Hasta ahora, de respaldo de la moneda, casi nada de nada. Ha costado “sangre, sudor y lágrimas” que los Estados miembros se percataran de las consecuencias fatales de esa ausencia de algún tipo de tesoro o hacienda supranacional europea, y luego dieran pasos efectivos para crear, sobre la marcha, fondos de rescate para ayudar a los países miembros. Algunos tacharán esta solución hacia la que vamos como indeseable, por devenir en mayor centralización y peso de un gobierno paneuropeo. Lo comparto, pero no es ahora cuando tenemos que discutir sobre ello. ¿Acaso no se defendía el proyecto del euro en los 90 como una vía para profundizar en el proceso de integración europea, hacia la supuesta panacea de la integración política y económica de las naciones participantes? ¿De verdad que la adhesión al euro era sólo una decisión de naturaleza económica, basada en una evaluación racional de sus costes y beneficios? ¡Desde luego que no! No olvidemos que un país como el Reino Unido se apartó en su momento de este proyecto dado que, según argumentaban sus críticos, supondría a la larga de una manera u otra la cesión de soberanía fiscal a Europa, además de la monetaria claro.

Pues bien, fue dentro de este proyecto político paneuropeo que impulsaba frenéticamente las ruedas del euro cuando se crearon las reglas que lo gobernarían y mantendrían como una moneda fuerte. Destacaremos dos que han saltado como costuras de un traje mal hilvanado: (1) La prohibición del rescate de Estados y (2) La independencia del BCE y la prohibición de préstamo a los Estados.

Pues bien, parece como si el BCE “pasara por aquí”, y que la crisis actual no le incumbiera. Su presidente, en una sucesión de contradicciones alarmante, por un lado nos recuerda esas reglas iniciales del euro y que, por tanto, no está el BCE para financiar Estados deficitarios; y, por otro lado, cuando la situación se acerca al colapso, se pone el traje de presidente del banco que emite el euro y compra deuda de esos Estados de manera más o menos indirecta, así como llega a afirmar, faltaría más, que respaldará la supervivencia de su propia moneda.

Disculpe Sr. Draghi, pero el tiempo en que nos creíamos que el BCE podía ser un banco central diferente, plenamente comprometido con la creación de una moneda fuerte, como si hubiera adoptado el patrón oro como ejemplo, ha pasado. Y, por la vía de los hechos, me temo que la institución que preside se ha convertido en un banco central como el resto que, de cuando en cuando, ha de enfangarse en las cuentas públicas para rescatar a los Estados de sus miserias financieras. Sí Sr. Draghi, a la postre, un banco central nacional más, muy a mi pesar.

 

Juan Castañeda

 

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Articulo publicado originalmente en el diario OroyFinanzas bajo el titulo, “Objetivos y consecuencias de la manipulacion del Libor” (6 de Julio de 2012).

 

Hablemos de verdad de manipulaciones de precios …

En estos días hemos conocido que uno de los principales bancos británicos, Barclays, ha estado metido en una operación de manipulación del mercado durante mucho tiempo. Y según sospechan las autoridades británicas y estadounidenses que lo han destapado, parece que hay más bancos implicados. Esto no queda aquí ya que hay informes internos del banco que apuntan a que el propio Banco de Inglaterra podría haber tenido un papel importante en este asunto.

¿Cual ha sido el objeto de la manipulación? Como no, un precio, en este caso el tipo de interés de los préstamos entre los bancos que operan en Londres, conocido como el LIBOR (London InterBank Offered Rate). Y no es un tipo de interés mas, ya que es la referencia de cientos de miles de productos financieros que se negocian a diario en el  mercado financiero. De ahí la relevancia que ha tomado esta noticia por las consecuencias que su manipulación haya podido tener sobre la economía en su conjunto, así como sobre una infinidad de empresas, agentes financieros y ahorradores privados.

El porqué de la manipulación de este precio es bien simple. Algunos de los mayores responsables de las operaciones de Barclays, no sabemos aun si a resultas de las peticiones de sus colegas de otros bancos o por la “sugerencia” del propio Banco de Inglaterra, pensaron que seria bueno para el negocio bancario aparentar un clima de mayor normalidad en el mercado monetario; lo que según lo que hemos leído hasta ahora pasaba por publicar un tipo de interés interbancario menor al que realmente tendrían que haber anunciado.

Si nos ponemos en el año 2008, en medio de toda una “tormenta financiera”, ese menor tipo de interés daría la señal correcta al resto de los agentes del mercado; en concreto, que la contracción del crédito no era tan elevada y por tanto la actividad económica podría seguir más o menos con normalidad. Pues bien, hoy sabemos que esas artimañas no duraron mucho y la crisis financiera finalmente estallo tras el verano de 2008 cuando la caída de Lehman Brothers provoco prácticamente el cierre de los mercados de crédito a escala mundial.

No seré yo quien defienda estas prácticas fraudulentas. Pero analicemos esta cuestión con un poco más de perspectiva. En primer lugar, el mercado interbancario es un verdadero oligopolio legal y ciertamente bien protegido y al margen de las leyes de la libre competencia. Ello no hace sino facilitar estas operaciones de manipulación del precio. Y, en segundo lugar, lo que es para mí más importante es ser plenamente conscientes de que el mercado interbancario forma parte de un mercado “mayorista” de creación de dinero monopolizado en último termino por el Estado, de hecho por el banco central nacional.

Dependiendo de los casos, son más o menos entre media docena y una veintena de personas quienes se reúnen regularmente para discutir y fijar el precio al que prestan dinero al sistema bancario en su área de influencia. ¿No es esto manipulación, si bien legal y aceptada por (casi) todos? Quizá no en el sentido penal del termino pero si que es una manipulación en el mas común de los usos, pues no deja de ser un caso flagrante de fijación de un precio sin competencia ninguna y siguiendo los criterios que se quiera en cada caso; antes elegidos por el político de turno, ahora por los funcionarios del banco central, formalmente independientes del poder político.

Así que siento ponerme algo cínico con este tema, pero no se extrañen tanto por lo ocurrido. Ya lo advertía Adam Smith en 1776, cuando apuntaba a que los empresarios (banqueros en este caso) aprovechaban cualquier oportunidad para reunirse y manipular el precio en su favor; ya sea con la connivencia y el interés del propio banco central o no.

Juan Castañeda

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(Artículo publicado originalmente en el diario OroyFinanzas el 29 de junio de 2012).

La salvación del euro – otra vez

Como sabemos, hace ya meses que los acreedores internacionales recelan de la arquitectura institucional y del propio funcionamiento de la moneda única. Es evidente ya para todos que el marco institucional dado para el euro en 1999 o bien fue incompleto, o bien muy rígido o, peor, ambas cosas a la vez. Y ello se manifiesta cada cierto tiempo en la necesidad de convocar una nueva “cumbre Europea” para salvar la situación crítica del euro de su propia desaparición. Esta semana, la enésima cumbre entre las cumbres. ¿Pero cómo no van a reflejar los mercados de deuda una situación de tensión, agonía y parálisis institucional con la que convivimos desde hace meses?

Cierto es que ocurre con los países más vulnerables, pero el encarecimiento de la subida de los costes de la financiación, primero de Grecia, Portugal e Irlanda, y ahora de España e Italia no debería ser interpretado únicamente como un “castigo” de los mercados dirigido a esos países sino como la constatación de la falta de operatividad y credibilidad general en el buen funcionamiento del proyecto del euro. Hasta que no se entienda que esta crisis de la deuda soberana en Europa es el reflejo del nacimiento de una moneda coja no estaremos en condiciones de superarla.

Ante la escalada continua del tipo de interés que han de pagar por financiarse a largo plazo dos grandes países de la eurozona como España e Italia, con dos economías no rescatables, se ha acelerado la celebración de una nueva cumbre para discutir una solución que pase por:

(1) o bien permitir que la llamada “unión bancaria Europea” haga posible la asignación de fondos directos a la banca con falta de capital, lo que no se computaría como deuda pública;

(2) o bien permitir al BCE que actúe como lo han hecho los bancos nacionales tradicionalmente y pueda comprar masivamente (aún más) deuda pública de los Estados en apuros financieros. No se extrañen, para esto surgieron precisamente los bancos centrales: el Estado dió el monopolio legal de emisión de la moneda a un banco y a cambio recibía financiación privilegiada. Y, claro está, como banco suministrador de la reserva de liquidez de la economía, actúa además como banco prestamista del resto del sistema bancario. Nada nuevo desde hace ya siglos.

El acuerdo por cualquiera de estas soluciones sí que contribuiría a dotar de alguna mayor coherencia al entramado institucional del euro. Me guste o no, ello implicaría el reconocimiento final de que la adopción de una moneda nacional única lleva a la postre a una mayor integración fiscal y política. Y la moneda europea no es una excepción. Eso sí, ambas soluciones no saldrían gratis: la UE es un club de países que comparten políticas comunes en el que es más que evidente la reciente reticencia de los países acreedores netos del club (Alemania entre ellos claro) a soportar los costes de estas acciones concertadas. Por ello, ya nos han advertido que habrá condiciones para los países asistidos para asegurar el buen manejo y la devolución de los fondos prestados.

Juan Castañeda

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Artículo publicado originalmente en el portal OroyFinanzas, el 22 de junio de 2012

¿Por qué el rescate bancario de España?

El pasado fin de semana los socios del Euro decidieron prestarnos 100,000 millones de euros para sanear los balances de parte de nuestros bancos. Esta misma operación de rescate a los bancos ya se realizó en EEUU, el Reino Unido, Holanda o Alemania en los primeros años de la crisis. En España se optó desde 2008 por apostar a que la recuperación de la actividad económica permitiría ir aflorando y asumiendo poco a poco las pérdidas del valor de los activos inmobiliarios de los bancos. Finalmente, esta estrategia ha resultado fallida y han saltado todas las alarmas; primero por lo que tiene de rescate de un país que no tiene recursos suficientes para recapitalizar su sistema bancario; y segundo por lo que supone de rescate de algunos bancos. Nos vamos a concentrar aquí en esto último, ¿por qué el rescate bancario?

El euro fue la creación administrativa de una moneda bajo la fuerza de la ley, como ha sucedido con todas las monedas nacionales desde antiguo. Se creó el BCE, que aseguraba junto con los bancos centrales nacionales la provisión de la reserva de moneda de curso legal para toda la Eurozona. Y lo hacen en régimen de monopolio legal. Nadie más puede competir con ese dinero. Bajo este modelo tradicional, si hay un riesgo de colapso financiero, el banco central sencillamente no puede quedarse cruzado de manos. Y es que todo el conjunto de medios de pago de la economía depende en última instancia de él. Algunos sostienen que es mejor dejar caer a los bancos.

Bien, se puede (y se debe) dejar caer a bancos insolventes que no pongan en riesgo el funcionamiento del sistema financiero. Y se debe prestar a los bancos con problemas de liquidez a un tipo de interés “penalizador”, de modo que encima no premiemos a quienes han gestionado mal el riesgo. Pero me temo que en caso de prever el colapso del crédito, el rescate a los bancos es un mal menor en comparación con el desastre que sería la ausencia de medios de pago en la economía.

 

Juan Castañeda

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