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Archive for the ‘Economía’ Category

Esta es la charla que di el 23 de Marzo de 2017 en una de las sesiones del ‘Free Market Road Show’ organizado por el Circulo Liberal Bastiat en Sevilla. Hablé de las bases del comercio internacional y recordé con ello lo que para muchos serán obviedades, y para muchos otros ideas revolucionarias. Por lo oído en los últimos meses tras la victoria de D. Trump en EEUU, así como las posiciones de unos y otros en el debate de Brexit y las negociaciones que ya se apuntan entre el Reino Unido y el resto de la Unión Europea, los fundamentos del comercio internacional que durante décadas eran conocidos por todos, y casi diría que sus beneficios eran reconocidos por la mayoría de los economistas, han pasado a estar en entredicho. Es frecuente oír a líderes políticos (en incluso a economistas, lo que es de echarse a temblar!) de ambos lados del Atlántico que los puestos de trabajo del país deben ser para los nacionales así como ha de favorecerse a la producción nacional, incluso cuando ésta es más cara e ineficiente que la producida en el exterior.

Dicen los contrarios a la globalización que la protección de la producción nacional beneficia al país que la aplica; y lo hacen sin fundarlo en absoluto en evidencia empírica alguna, ni presentar una explicación teórica alternativa del comercio y sus efectos. Esto no es sólo intelectualmente muy pobre y desolador, sino que la aplicación de su nacionalismo económico llevaría a nefastas políticas económicas que sabemos bien en que terminan; porque se han aplicado repetidamente en varias ocasiones a lo largo del la historia y siempre acabaron en: (1) menos desarrollo de la economía y la riqueza a escala mundial y (2) más pobreza para los países que restringen más el comercio (mayores precios de los bienes y servicios, subsidio de empresas nacionales ineficientes, meso dinamismo e innovación, …). Los bien intencionados parecen no querer aprender y se empecinan en restringir el comercio todo lo que pueden … . Otros, aún a sabiendas de sus efectos sobre la mayoría de la población apoyan estas medidas porque les benefician (me refiero a los sectores productores nacionales menos competitivos que presionan cual ‘lobbies’ al gobierno de turno en búsqueda de protección comercial). De verdad hace falta otra contracción del comercio como la de los años 1930 para dares cuenta de sus efectos tan perjudiciales para todos?

Como digo, es lamentable si bien muy necesario tener que insistir una vez más en los efectos perniciosos para la economía provocados por la imposición de políticas proteccionistas. El nacionalismo económico siempre ha conducido al empobrecimiento de las naciones, y en algunas ocasiones al enconamiento de las rivalidades y conflictos políticos entre naciones que nunca acabó bien … . Recordemos algunas de esas obviedades en cuanto al comercio internacional que cuento en más detalle en la presentación:

(1) El comercio beneficia a las dos partes:

  • No se impone, se acuerda
  • La imposición de aranceles y otras trabas al comercio:
    • Perjudica a los consumidores: encarecimiento de los bienes y servicios
    • Sostiene una industria nacional ineficiente, necesitada de proteccion
    • Aumenta los ingresos del Estado (en el corto plazo)
    • Supone, al final, un impuesto a los exportadores nacionales: menos competitiva en mercados internacional.

(2) Comercian personas y empresas:

  • No hacen falta tratados para comerciar
    • Los tratados comerciales suponen la politización del comercio
    • Son el instrumento de los Estados para dar entrada a ‘grupos de interés’ en la mesa de negociación
  • Los acuerdos generales de comercio multilateral son más eficientes que los acuerdos bilaterales entre Estados

(3) A partir de ello, lo que propongo para el Reino Unido y el resto de la UE es lo siguiente:

  • Reino Unido: Declaración unilateral de libre comercio con el resto de Europa
    • No importa lo que haga el resto de Europa: beneficia a los consumidores y productores británicos
    • Y si el resto de Europa impone aranceles? Perjudicara a los consumidores Europeos
  • Ventajas:
    • Fin a una hipotética ‘guerra comercial’ que perjudicaría a todos
    • Fin a interminables y costosos tratados comerciales …
    • Evita la actuación de grupos de presión que solo buscan intereses corporativos
  • No soy nada original. Esta es la propuesta reciente hecha por Patrick Minford (2016) ‘No Need To Queue: The benefits of free trade without trade agreements’. IEA. London

 

Aquí podréis ver el video con mi presentación. Como siempre, vuestros comentarios serán muy bienvenidos.

Juan Castañeda

 

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Tuve el placer de visitar la Universidad Francisco Marroquín (UFM) en Guatemala el pasado mes de Febrero e impartir unas charlas sobre moneda y banca; lo que me permitió conocer mejor a sus estudiantes así como los programas que desarrollan en las áreas de economía y finanzas. Es una universidad muy exitosa y totalmente independiente del gobierno, lo que le da la autonomía financiera y profesional para seleccionar sus alumnos, profesorado y los programas que ofrece a los mismos. Solo así se puede ser realmente responsable como institución y aspirar a la excelencia académica.

Una de las ventajas de operar en un país donde el Estado no ha crecido tanto como en la vieja Europa es que da oportunidades a la iniciativa privada para innovar y prosperar de maneras difícilmente previsibles ni controlables por el regulador; aunque sólo sea porque no tiene una maquinaria administrativa lo suficientemente desarrollada como para poder intervenir de manera más activa (no es porque no quiera es porque no puede!). Esto ha sido una bendición para quienes pusieron en práctica en su día, y lo continúan desarrollando y expandiendo en la actualidad, el proyecto de una universidad independiente y comprometida con la educación y formación de personas libres y responsables de sus decisiones, en una una economía de libre empresa. Acostumbrado a vivir en países donde el Estado ‘llega a todo’, fue un gusto comprobar cómo proyectos distintos e innovadores pueden desarrollarse y asentarse de manera tan exitosa. Como la UFM, la Universidad de Buckingham es una institución verdaderamente independiente del Estado, que no por casualidad está a la cabeza de la excelencia docente en el Reino Unido.  He trabajado 14 años en una universidad estatal y desde 2012 en Buckingham y puedo dar fe de las diferencias entre ambos ‘modelos’ institucionales; uno representativo de una universidad altamente burocratizada donde se desincentiva la innovación, y el otro donde la iniciativa individual y la buena docencia son premiadas.

Entrevista sobre dinero y banca central

Durante mi estancia en la UFM, Luis Figueroa y yo mantuvimos una entrevista sobre moneda y banca central; en concreto, hablamos de la posibilidad de tener un sistema monetario sin un banco central estatal y de como reformar la política monetaria a la luz de los errores que condujeron a la crisis financiera de 2007/08. Aquí podéis encontrar el contenido completo de la entrevista para el canal online ‘NewMedia UFM’: http://newmedia.ufm.edu/video/es-posible-un-sistema-monetario-sin-banca-central/. Para aquellos interesados en el tema, podeis leer mi entrada en el blog del mes pasado sobre la viabilidad de un sistema monetario con un banco central privado (entrevista con Standard and Poor’s).

Como siempre, los comentarios y críticas sobre el contenido de la entrevista serán muy bienvenidos.

Juan Castañeda

 

 

 

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El 2 de marzo de 12 a 14 horas en la Fundación Rafael del Pino (Madrid) tendré la oportunidad de participar en un coloquio con Jose Manuel González Páramo (BBVA, moderador), Pedro Schwartz (UCJC) y David Marsh (OMFIF) sobre cómo afectará Brexit a la Unión Bancaria Europea y a los servicios financieros que presta la llamada ‘City’ de Londres.

El tema, mejor dicho, los temas que hay sobre la mesa son verdaderamente complejos. Pero por supuesto que pueden tratarse de manera asequible para no especialistas; si hay algo que realmente me disgusta en Economía es cuando especialistas en la materia se enzarzan en un debate utilizando un lenguaje innecesariamente oscuro que no entiende nadie (algo que ocurre con demasiada frecuencia, casi de manera generalizada, con los artículos académicos en Economía …, lo que no les hace mejores sino más alejados de la realidad e incomprensibles). En concreto, seguro se tratará de cómo la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE) afectará a los servicios financieros que Londres, como plaza financiera de referencia en Europa, presta tanto a países como a empresas financieras y no financieras en el continente. Uno de las ideas que sostendré en el debate es que si Londres ha sido durante décadas (siglos) una plaza eficiente en la prestación de tales servicios, que por supuesto cumple con la regulación financiera Europea, por qué no debería seguir haciéndolo? Desde una perspectiva puramente económica, la cuestión no admite controversia: es eficiente y beneficioso para las dos partes aprovechar las ventajas competitivas que cada uno puede aportar en el comercio de bienes y servicios. Esto es algo que un estudiante de primero de Economía debería saber.

Hablaremos también de la union bancaria Europea, y de lo que implica e implicará en los próximos años en lo que se refiere a la regulación y, si fuera necesario, la liquidación ordenada de un banco en una futura crisis bancaria. Se trata de un conjunto de nuevas regulaciones e instituciones aprobadas por todos los países de la UE que tratan de paliar alguno de los fallos observados en las respuestas que los Estados Miembros dieron a las distintas crisis bancarias nacionales en la reciente crisis financieras. Y, aunque no muchos lo sepan, el Reino Unido, aún no siendo parte de la zona del Euro, como miembro de la UE sí ha tenido que cumplir con parte de la regulación que acompaña a la union bancaria Europea.

El evento también servirá para presentar el libro, ‘European Banking Union. Prospects and Challenges’ (Routledge), que hemos editado G. Wood D. Mayes y yo mismo. Se trata de una colección de capítulos que tratan de cómo se ha diseñado la union bancaria, su definición y funcionamiento, así como de algunos de los aspectos que en opinión de algunos de los autores puede poner en peligro su efectividad y viabilidad. Aquí podéis encontrar un resumen del libro, así como más información sobre los temas de los que trata:

‘Recent failures and rescues of large banks have resulted in colossal costs to society. In wake of such turmoil a new banking union must enable better supervision, pre-emptive coordinated action and taxpayer protection. While these aims are meritorious they will be difficult to achieve. This book explores the potential of a new banking union in Europe.

This book brings together leading experts to analyse the challenges of banking in the European Union. While not all contributors agree, the constructive criticism provided in this book will help ensure that a new banking union will mature into a stable yet vibrant financial system that encourages the growth of economic activity and the efficient allocation of resources.’

Quedáis invitados todos!

Juan Castañeda

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Pasos en favor de una mayor competencia monetaria

Hace unos meses tuve la ocasión de dar una charla sobre el sistema monetario actual y sus alternativas de mercado en el Instituto Juan de Mariana de Madrid (18 de Mayo de 2013), titulada ‘Los Bancos Centrales y la reforma monetaria pendiente’. Lo que traté de transmitir es que un sistema caracterizado por la introducción de más competencia en el mercado de la creación de dinero no ha de llevarnos al caos monetario, como muchos aún creen, sino todo lo contrario; por cierto, resulta muy chocante esta creencia y crítica a la competencia entre monedas visto cómo el actual sistema de control estatal de la moneda ha estado muy cerca de llevarnos a un auténtico caos financiero muy recientemente. Además, ese sistema monetario más competitivo no ha de ser necesariamente uno en el que desaparezca completamente el dinero actual y sea sustituido de la noche a la mañana por una miríada de emisores privados de diferentes medios de pago. Tanto algunos de los partidarios como los muchos detractores de introducir competencia en este mercado lo entienden como un sistema en que la gente llevaría algo así como tres o cuatros (o incluso más) monedas distintas para usarlas en el mercado a conveniencia. No creo fuera así, pues sería ciertamente ineficiente y costoso realizar las operaciones normales de mercado en ese escenario de múltiples monedas y precios. De hecho, cuando hubo competencia monetaria, porque la hubo en siglos pasados y en mucho países, convivían a lo sumo dos o tres monedas, pero su uso estaba bastante diferenciado en función de la naturaleza de la operación a realizar: una moneda de menor valor era destinada para los pequeños pagos del día a día, otra de mayor valor para el pago de grandes sumas e impuestos en el país y una tercera (que podía ser una moneda circulante o sólo un patrón monetario) era destinada a operaciones con terceros en el resto del mundo. Un sistema así funcionó durante muchos años en la Castilla en la Edad Moderna.

Dado el elevado grado de intervención de las autoridades económicas en la emisión y verdadero ‘manejo’ de la moneda (por ejemplo, con la política monetaria), intervención que viene de muy antiguo, concentrarse en conseguir de manera fulminante ese ideal de mercado abierto y competitivo resulta poco realista, al menos a corto y medio plazo. Pero sí que hay cambios que pueden ir haciéndose en esa dirección: desde permitir la competencia de dos monedas en paralelo en el área del euro (algo que defendemos y explicamos varios profesores aquí) hasta, ‘simplemente’, eliminar la cláusula de dinero de curso legal de la moneda nacional (estatal); la eliminación de esa auténtica barrera legal (cierto, junto con otras condiciones adicionales) permitiría dar un gran salto en favor de la creación de un mercado abierto y disputable en el que podrían competir el banco central nacional y otros emisores privados (nacionales o extranjeros) por la provisión del mejor medio para realizar transacciones y también para diferir pagos, lo que no deja de ser una forma de ahorro claro. En función de la calidad de la moneda emitida en el mercado, la demanda de una y otras variará y, con ella, la apreciación o depreciación de las mismas; de esta forma, las variaciones del tipo de cambio (flexible) en el medio y largo plazo entre las monedas sería un buen indicador del mayor o menor poder adquisitivo de las mismas. Como maravillosamente explicó Vera Smith (1936) en sus Fundamentos de la Banca Central y de la Libertad Bancaria y detalla George Selgin(*) (1988) en La libertad de emisión del dinero bancario, en un sistema abierto a la competencia, los emisores de monedas tendrían incentivos para asociarse y formar una especie de clubes de emisión de moneda en el que proveerían por si mismos los servicios esenciales para el mantenimiento del poder de compra de la moneda y la fiabilidad de los pagos hechos con ella en el mercado. Si, bajo este sistema monetario abierto a la competencia, el Estado quiere seguir monetizando sus déficits fiscales e inflar el mercado con emisiones excesivas de esa moneda, la respuesta de los usuarios será desprenderse paulatinamente de ella; lo que se reflejará en una depreciación de la moneda estatal y en la consiguiente pérdida de las ganancias por señoreaje de emisión del Estado en favor del resto de competidores. Ello sería sin duda el mejor incentivo para abandonar tales políticas inflacionistas que acaban por deteriorar la calidad de la moneda.

Pero, como decía más arriba, hasta llegar a ese sistema más competitivo mucho nos queda por mejorar el presente. Y es a ello a lo que dediqué la segunda parte de mi intervención en el Instituto Juan de Mariana; al estudio de otras reglas de emisión de los bancos centrales distintas a las actuales que pueden contribuir a mejorar la calidad del dinero que emiten. La charla fue seguida de un muy activo turno de preguntas y comentarios por parte de los asistentes que espero os resulte de interés; especialmente animada fue sin duda la discusión sobre el patrón oro clásico y su posible aplicación en la actualidad. Os dejo a continuación el vídeo y una entrevista resumen de la misma. Como siempre, los comentarios y especialmente las críticas son muy bienvenidas:

Vídeo completo de la conferencia

Entrevista resumen

Juan Castañeda

Nota: (*) G. Selgin dará una charla en Madrid el 2 de Octubre, en la Fundación Rafael del Pino. Merece muy mucho la pena ir a escucharle. Es un auténtico especialista en estos temas, es muy ameno y se explica de maravilla. Toda la información para asistir la encontraréis aquí:

http://www.frdelpino.es/selgin/

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Publicado el 15 octubre 2012 en OroyFinanzas.com

¿Cómo se mide la cantidad de dinero de la economía?

Cuando hablamos de la cantidad de dinero en circulación, de la liquidez o, más técnicamente, de la oferta monetaria de la economía, ¿a qué nos estamos refiriendo exactamente?

Es importante ser precisos con este concepto pues sólo así podremos saber si la cantidad de dinero disponible está creciendo o no más de la cuenta y, dependiendo del caso, si el banco central ha de tomar una u otra dirección en su manejo de la política monetaria. Estos datos los publican los bancos centrales nacionales para cada una de sus economías y el BCE para toda la Eurozona. Los datos son públicos y muy detallados.

El dinero como una propiedad más de los bienes

Bajo los sistemas monetarios actuales, de monopolio estatal de emisión del dinero de curso legal, es el banco central quien determina en última instancia cuánto dinero se crea en la economía. Esto no ha sido siempre así, ni mucho menos. Como bien describió Karl Menger ya en el último tercio del siglo XX, y luego remachara Friedrich August von Hayek, el dinero o, mejor dicho, la “dinerabilidad”, es una propiedad de los bienes referida a su capacidad para ser aceptados como medios de cambio en las transacciones comerciales (es por tanto su grado de liquidez).

Por tanto, la “dinerabilidad” es una propiedad que, en mayor o menor grado, tienen todos los bienes. Originalmente, fueron los propios participantes en el mercado quienes fueron seleccionando a lo largo de los años qué bien hacía mejor las veces de dinero; es decir, qué bien era aceptado más fácilmente, y con menor coste, como medio de pago. En concreto, fueron los metales preciosos los que pronto fueron elegidos como los bienes que mejor cumplían las propiedades y funciones del dinero.

El dinero legal y el dinero bancario

En primer lugar, hemos de hacer una distinción fundamental:

Una cosa es el llamado dinero legal, emitido en forma de billetes de banco y de monedas por las autoridades monetarias nacionales en régimen de monopolio legal. A la suma de ambos también se le conoce como la base monetaria de la economía o dinero de alto poder como lo llamó M. Friedman. A su vez, este dinero puede estar circulando en la economía (el Efectivo en Manos del Público, EMP) o estar depositado en los bancos centrales como reserva. ¿Por qué base monetaria? Porque es el dinero que representa la liquidez última de la economía; que, en sistemas puramente fiduciarios como los actuales, donde no hay un vínculo ni anclaje entre el valor de los billetes y una cierta cantidad de oro o plata, son simplemente los billetes emitidos por el banco central.

Por tanto, sí, en la actualidad son ellos la reserva última de liquidez del sistema monetario y punto final. Si no me creen, traten de reclamar a su banco central nacional la cantidad equivalente al valor del billete en la forma de algún metal precioso y verán la cara de sorpresa del cajero correspondiente.

Y otra cosa es el resto de medios de pago creados por los bancos comerciales. Estos son los depósitos bancarios, que usamos a diario para realizar transacciones y saldar deudas. Al conjunto de ellos se le conoce como el dinero bancario y representa el grueso de la oferta de medios de pago existentes en cualquier economía moderna. Son dinero porque nos sirven para hacer pagos: a diario utilizamos tarjetas de débito, cheques bancarios, ordenamos transferencias bancarias, que no hacen más que “movilizar” mediante apuntes electrónicos el dinero que tenemos en nuestra cuenta bancaria a la de un tercero en el mismo o diferente banco.

Por tanto, pagamos y saldamos deudas sin necesidad de utilizar dinero físico (billetes, monedas). En principio, es un sistema eficiente de realización de pagos, que se remonta en sus orígenes a las antiguas ferias de comercio europeas de la baja Edad Media, pues agiliza los pagos y permite hacer operaciones de cuantía importante entre agentes situados en lugares muy distantes.

Dentro del mundo de los economistas se distingue entre el dinero legal o base monetaria de la economía, y el dinero bancario, que se conoce por las siglas M1, M2 y M3. Dedicaré mi próximo artículo a explicar sus definiciones y diferencias.

Juan Castañeda

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(Artículo publicado originalmente en Oroyfinanzas.com el 8 de octubre de 2012, en dos partes: “¿Qué es la inflación y cómo afecta a la economía de un país?“, “Inflación y alternativas para el futuro de Europa“).

Dinero y precios

 

Quienes critican las operaciones de expansión cuantitativa y la rebaja histórica de los tipos de interés con que están respondiendo los bancos centrales a esta crisis suelen aducir que la inundación de dinero en los mercados monetarios acabara en inflación. Sí, en inflación, en una subida generalizada del nivel de los precios o, lo que es lo mismo, en una situación en la que nuestro dinero pierda capacidad de compra en el mercado. Por su parte, los que defienden estas medidas convencionales y extraordinarias de expansión de la oferta monetaria afirman que no serán inflacionistas. Para responder a esta controversia podemos acudir a la que J. A. Aguirre y yo mismo hemos denominado como la “ley de la física monetaria”, que no es otra cosa más que la clásica “teoría cuantitativa del dinero”; que afirma que la expansión de la oferta de dinero por encima de la oferta de nuevos bienes y servicios acabará irremediablemente en inflación. Es decir, que la inflación es al final de cuentas una cuestión monetaria. ¿Es ese el caso en la actualidad? ¿Está creciendo la oferta de dinero por encima del PIB?

Efectos del crecimiento monetario inflacionario

Antes de contestar a estas preguntas, merece la pena hacer un par de puntualizaciones y matices a esta ley de la física monetaria:

(1) La relación no es automática, y se necesita algún tiempo para que los aumentos de dinero que inyecta el banco central a través de los bancos se trasladen a los bolsillos y a las decisiones de gasto de familias y empresas. Y (2) la conexión entre el aumento excesivo de la oferta de dinero y la inflación no tiene por qué ser ni proporcional ni, lo que es más importante, un fenómeno meramente nominal o neutral. ¿A qué me refiero con neutral en este contexto?

Una interpretación a la ligera de la ecuación cuantitativa del dinero pasaría por afirmar que si la oferta monetaria crece, digamos, diez puntos porcentuales por encima del PIB real de una economía, pasado un tiempo los precios aumentarán en la misma cantidad y el cambio habría sido meramente “nominal”. Pues bien, me temo que eso es así pero, además, ocurren más cosas; ¿acaso esa sobre-expansión de dinero no habrá afectado a variables reales, como la inversión, el consumo, el empleo o la propia producción de la economía? Cuando el banco central rebaja el tipo de interés, entre otras cosas, crece la oferta de crédito en la economía y la gente tiene más fácil la financiación del gasto, ya sea en bienes de consumo o de inversión. Ello provocará que muchos empresarios se lancen a aumentar la capacidad de sus negocios para poder atender a ese incremento de la demanda de consumo.

Por tanto, si el banco central mantiene (artificialmente)  una política de crédito barato durante mucho tiempo, claro que acabará por aumentar el nivel de los precios, pero también se habrá producido un crecimiento, artificial y a la postre insostenible, de muchos sectores productivos vinculados a esa política de crédito barato. En consecuencia, hay muchos sectores productivos que crecen sin mesura al calor de los bajos tipos de interés a tasas que no son sostenibles a medio y largo plazo. La (penosa) historia monetaria del siglo XX, así como la última crisis financiera, nos han dado decenas de ejemplos de cómo puede haber una distorsión de la estructura productiva como resultado de la conducción de políticas monetarias demasiado expansivas durante demasiado tiempo. Estoy pensando, por ejemplo, en la expansión reciente del sector inmobiliario en España, y de todas sus industrias auxiliares.

Una previsión de inflación

Veamos lo que puede anticiparnos la ley de la física monetaria respecto a la evolución esperada de la inflación en la Eurozona.

Por un lado, el Producto Interior Bruto (PIB) está estancado (-0.5% de caída), lo que significa que, más que crecer, la economía se va a contraer este año; es decir, el valor de lo producido en la Eurozona este año es menor que el valor de lo producido el año pasado. Por otro lado, la oferta monetaria en su sentido más amplio (medida según el indicador M3), que computa no sólo los billetes y monedas existentes en el mercado, sino también el dinero que podemos utilizar y que está depositado en cuentas corrientes y otro depósitos bancarios) está creciendo al 3% aproximadamente. A partir de estos datos y usando únicamente la ley de la física monetaria antes enunciada, se podría inferir que hay un exceso de crecimiento de la oferta de dinero que podría acabar en mayor inflación. ¿Pero, cuánta inflación? Podría llegar a ser aproximadamente de un 3% – 3.5%, tasa por encima de la definición de estabilidad de precios del propio BCE (que implica un crecimiento anual de la inflación “menor, si bien cercano, al 2%”).

Ahora bien, el BCE anticipa un escenario de precios bien distinto. Según sus predicciones de junio, la inflación rondará el 2.5% a finales de año y bajará en 2013; y el PIB de la Eurozona caerá entre el -0.6% y -0.2% y continuará haciéndolo aún más en 2013. Hay dos razones que pueden justificar estas estimaciones no inflacionistas del BCE:

(1) la autoridad monetaria puede creer que el dinero inyectado a través de la banca apenas se ha reflejado aún en un aumento de la oferta de crédito para empresas y particulares, ya que ha sido mayoritariamente utilizado para atender a las necesidades de liquidez de los propios bancos. Es decir, el BCE estaría suponiendo que el dinero prestado a los bancos comerciales no ha sido canalizado aún por éstos a sus clientes y, por tanto, no circula realmente en los mercados; y (2) el BCE, como otros organismos y economistas comparten, puede estimar que el aumento de la oferta de dinero no será inflacionista precisamente porque tiene lugar en un entorno productivo muy deprimido, con muchos factores productivos sin utilizar plenamente: tanto en lo que se refiere a la capacidad de producción de las empresas como sobre todo, al factor trabajo.

Una alternativa más humilde

Propongo una estrategia alternativa para salir de estas controversias y rompecabezas. Si hemos de seguir operando en un mercado monetario dominado por el Estado a través de su banco central nacional (porque hay otras alternativas, al menos que las autoridades monetarias no jueguen a ser pequeños dioses y no traten de manejar la economía. Lamentablemente ya sabemos cómo acaba. En su lugar, bastante sería ya con que se contentaran con mantener cierta estabilidad y moderación en la oferta monetaria de la economía a medio y largo plazo, sin fijarse ningún otro objetivo macroeconómico.

Juan Castañeda

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(Artículo publicado originalmente el 1 de octubre de 2012 en el diario en internet oroyfinanzas.com)

La economía española y la sátira taurina

 

El pasado mes de julio el prestigioso semanario The Economist  abrió a toda página con la imagen de un toro ensangrentado y prácticamente abatido, lo que simbolizaba un animal herido de muerte. Por si no fuera evidente la metáfora con España, encabezaba el diario un “Spain” del que intencionadamente se había desprendido su “S” inicial, dejando así claramente y en evidencia la pena y el sufrimiento por los que atravesaba el viejo país de la piel de toro. Y para ya no dejar duda alguna, el toro estaba marcado por la divisa del euro … .

 

Aunque en la actualidad  muchos se empeñen en negar la identificación  de este animal con las culturas mediterráneas, esa íntima relación ha estado bien presente desde antiguo. Por no remontarnos muy atrás, como dijo Ortega y Gasset en 1883, “Afirmo de la manera más taxativa que no puede comprender bien la Historia de España, desde 1650 hasta hoy, quien no se haya cimentado con rigorosa construcción la historia de las corridas de toros en el sentido estricto del término, no de la fiesta de toros que, más o menos vagamente, ha existido en la Península desde hace tres milenios, sino lo que nosotros actualmente llamamos con ese nombre.La fiesta ha vivido modificaciones en sus tradiciones y sus protagonistas, pero siempre se le ha considerado símbolo y reflejo del momento histórico concreto. Por ello, la imagen mencionada del toro malherido ofrecida por The Economist no es nueva; nos recordó a una de las caricaturas satíricas que mejor representa la debacle española de finales del siglo XIX, en pleno gobierno de Sagasta, publicada en la revista satírico-política La Broma, el 31 de agosto de 1882.

Es “El novillo de la mojiganga”. Describe a un pobre animal objeto de burla y herido por doquier por las clases pudientes y dirigentes de la época. En ella se ve, ante la impotencia del alguacilillo que representa la autoridad, cómo el animal (símbolo de la pobre España), cubierto  de rejones, estoques de matar y banderillas, es incapaz de embestir y humillado no puede  tolerar una herida más; ya sea bajo la forma de un nuevo impuesto, un nuevo privilegio o una nueva e injusta legislación. La imagen de esta caricatura no deja lugar a la duda y, por desgracia, resulta tan pertinente y expresiva de la dura realidad de hoy como ya lo era entonces.

¿Y qué era eso de la “mojiganga”? Se trataba de una variante del toreo cómico que procede del siglo XVIII y se mantuvo hasta casi fines del XIX. Tiene sus raíces en el teatro, ya que es similar a los “entremeses” que se hacían en el teatro clásico como divertimento y descanso en los espectáculos de obras dramáticas y comedias. En espectáculos taurinos de menor importancia se soltaba el “novillo de la mojiganga” al ruedo mientras se desarrollaban escenas de parodias puramente mímicas con personajes disfrazados. Los temas eran variados, siempre de actualidad, muy reconocibles por el público; y el animal se convertía en protagonista de la escena entre risas y miedos, pues acometía y embestía a los personajes. Los actores solían ser toreros humildes que no eran contratados en corridas serias ya por su juventud o su madurez. Era un espectáculo grotesco y pobre en vestimentas y atrezos que fue perdiendo importancia y a fines del XIX ya no se practicaba.

La sátira taurina de nuevo de actualidad

Pues bien, parece que vamos a tener que tirar de nuestros clásicos taurinos y utilizar las mojigangas para denunciar a la clase que dirige el país en estos tiempos, por la sangría que están infringiendo al pobre animal, a la malherida España.  Les sugerimos que pongan ustedes mismos nombre a los protagonistas de esta triste parodia nacional. El resultado está a la vista de todos: la población desesperada, empobrecida y, lo que es peor, sin esperanza, cual pobre novillo sometido a los “bajonazos” de una clase dirigente que no está a la altura. Y ante este cuadro tan desesperante, ¿qué hacen las autoridades varias que nos gobiernan? Están en el mejor de los casos en el callejón, viendo los toros desde la barrera, como el alguacilillo de la caricatura de La Broma.

Juan Castañeda

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