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Posts Tagged ‘Patrón oro’

Pasos en favor de una mayor competencia monetaria

Hace unos meses tuve la ocasión de dar una charla sobre el sistema monetario actual y sus alternativas de mercado en el Instituto Juan de Mariana de Madrid (18 de Mayo de 2013), titulada ‘Los Bancos Centrales y la reforma monetaria pendiente’. Lo que traté de transmitir es que un sistema caracterizado por la introducción de más competencia en el mercado de la creación de dinero no ha de llevarnos al caos monetario, como muchos aún creen, sino todo lo contrario; por cierto, resulta muy chocante esta creencia y crítica a la competencia entre monedas visto cómo el actual sistema de control estatal de la moneda ha estado muy cerca de llevarnos a un auténtico caos financiero muy recientemente. Además, ese sistema monetario más competitivo no ha de ser necesariamente uno en el que desaparezca completamente el dinero actual y sea sustituido de la noche a la mañana por una miríada de emisores privados de diferentes medios de pago. Tanto algunos de los partidarios como los muchos detractores de introducir competencia en este mercado lo entienden como un sistema en que la gente llevaría algo así como tres o cuatros (o incluso más) monedas distintas para usarlas en el mercado a conveniencia. No creo fuera así, pues sería ciertamente ineficiente y costoso realizar las operaciones normales de mercado en ese escenario de múltiples monedas y precios. De hecho, cuando hubo competencia monetaria, porque la hubo en siglos pasados y en mucho países, convivían a lo sumo dos o tres monedas, pero su uso estaba bastante diferenciado en función de la naturaleza de la operación a realizar: una moneda de menor valor era destinada para los pequeños pagos del día a día, otra de mayor valor para el pago de grandes sumas e impuestos en el país y una tercera (que podía ser una moneda circulante o sólo un patrón monetario) era destinada a operaciones con terceros en el resto del mundo. Un sistema así funcionó durante muchos años en la Castilla en la Edad Moderna.

Dado el elevado grado de intervención de las autoridades económicas en la emisión y verdadero ‘manejo’ de la moneda (por ejemplo, con la política monetaria), intervención que viene de muy antiguo, concentrarse en conseguir de manera fulminante ese ideal de mercado abierto y competitivo resulta poco realista, al menos a corto y medio plazo. Pero sí que hay cambios que pueden ir haciéndose en esa dirección: desde permitir la competencia de dos monedas en paralelo en el área del euro (algo que defendemos y explicamos varios profesores aquí) hasta, ‘simplemente’, eliminar la cláusula de dinero de curso legal de la moneda nacional (estatal); la eliminación de esa auténtica barrera legal (cierto, junto con otras condiciones adicionales) permitiría dar un gran salto en favor de la creación de un mercado abierto y disputable en el que podrían competir el banco central nacional y otros emisores privados (nacionales o extranjeros) por la provisión del mejor medio para realizar transacciones y también para diferir pagos, lo que no deja de ser una forma de ahorro claro. En función de la calidad de la moneda emitida en el mercado, la demanda de una y otras variará y, con ella, la apreciación o depreciación de las mismas; de esta forma, las variaciones del tipo de cambio (flexible) en el medio y largo plazo entre las monedas sería un buen indicador del mayor o menor poder adquisitivo de las mismas. Como maravillosamente explicó Vera Smith (1936) en sus Fundamentos de la Banca Central y de la Libertad Bancaria y detalla George Selgin(*) (1988) en La libertad de emisión del dinero bancario, en un sistema abierto a la competencia, los emisores de monedas tendrían incentivos para asociarse y formar una especie de clubes de emisión de moneda en el que proveerían por si mismos los servicios esenciales para el mantenimiento del poder de compra de la moneda y la fiabilidad de los pagos hechos con ella en el mercado. Si, bajo este sistema monetario abierto a la competencia, el Estado quiere seguir monetizando sus déficits fiscales e inflar el mercado con emisiones excesivas de esa moneda, la respuesta de los usuarios será desprenderse paulatinamente de ella; lo que se reflejará en una depreciación de la moneda estatal y en la consiguiente pérdida de las ganancias por señoreaje de emisión del Estado en favor del resto de competidores. Ello sería sin duda el mejor incentivo para abandonar tales políticas inflacionistas que acaban por deteriorar la calidad de la moneda.

Pero, como decía más arriba, hasta llegar a ese sistema más competitivo mucho nos queda por mejorar el presente. Y es a ello a lo que dediqué la segunda parte de mi intervención en el Instituto Juan de Mariana; al estudio de otras reglas de emisión de los bancos centrales distintas a las actuales que pueden contribuir a mejorar la calidad del dinero que emiten. La charla fue seguida de un muy activo turno de preguntas y comentarios por parte de los asistentes que espero os resulte de interés; especialmente animada fue sin duda la discusión sobre el patrón oro clásico y su posible aplicación en la actualidad. Os dejo a continuación el vídeo y una entrevista resumen de la misma. Como siempre, los comentarios y especialmente las críticas son muy bienvenidas:

Vídeo completo de la conferencia

Entrevista resumen

Juan Castañeda

Nota: (*) G. Selgin dará una charla en Madrid el 2 de Octubre, en la Fundación Rafael del Pino. Merece muy mucho la pena ir a escucharle. Es un auténtico especialista en estos temas, es muy ameno y se explica de maravilla. Toda la información para asistir la encontraréis aquí:

http://www.frdelpino.es/selgin/

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 “Los Bancos Centrales deben hacer menos, no más”

Este es el acertado titular con que el periodista especializado en economía, Diego Sánchez de la Cruz, resume nuestra entrevista, que acaba de publicarse en Libre Mercado (10/3/2013). En un tiempo en que parece que todos piden al banco central que haga más, como si fuera una especie de Deus ex Machina  omnipotente capaz de sacarnos de la crisis y parálisis económica actuales, merece la pena recordar que fue precisamente el activismo y excesivo crecimiento monetario desarrollado en la última expansión económica lo que está en la base de los problemas que aún padecemos. Por eso, una vez solventada la crisis financiera (cuando quiera que ésto sea), convendría reflexionar sobre cuál es la mejor política monetaria para la nueva etapa expansiva que, en mi opinión, pasará por una reforma en profundidad de las reglas monetarias vigentes hasta 2007. Una política monetaria que sea menos activa y se centre en la estabilidad monetaria y no en el manejo de la economía, el control del ciclo (del “output gap”) ni tampoco la estabilización de los precios, menos aún si se hace persiguiendo un crecimiento (aunque sea moderado) de la inflación medida mediante el IPC.

Hablamos también de los recientes rescates bancarios, la política de préstamo (más o menos expreso)  de los bancos centrales a sus Estados, así  como de algunas alternativas al sistema actual de monopolio de emisión de moneda de curso legal controlado en última instancia por el Estado. Como siempre, vuestros comentarios serán muy bienvenidos en el blog.

Texto completo de la entrevista aquí:

http://www.libremercado.com/2013-03-10/juan-castaneda-los-bancos-centrales-deben-hacer-menos-no-mas-1276484372/

Juan Castañeda

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(A summary in English)

“Central banks should do less, not more”

This is the headline of my recent interwiew with the economic journalist, Diego Sánchez de la Cruz, just published in Libre Mercado (10/03/2013). In a time when all and sundry ask the central bank to do more, as if it were an omnipotent “Deus ex Machina”  able to overcome the current economic and financial crisis, it is worth remembering that it was central banks’ monetary activism and excessive money creation during the last economic expansion what ultimately caused a massive distortion in financial markets and led to the current crisis. As recessions and crises have its roots in the previous expansion, we should be discussing now which is the best monetary policy to be adopted in the next expansionary phase of the cycle (see here a summary of the debate in the UK). One less active and more focused on maintaining monetary stability and not the management of the economy, the stabilisation of the cycle (the “output gap”) or price stabilisation, let alone the stabilisation of a positive inflation target as measured by CPI.

We also discussed in the interview other “policies” of the central banks, such as the recent banks’ bailouts and the more or less explicit financial assistance to the(ir) States; finally, we also talk about some alternatives to the current monetary system ultimately controlled by the State. As always, your comments are very welcome.

Full access to the interview here:

http://www.libremercado.com/2013-03-10/juan-castaneda-los-bancos-centrales-deben-hacer-menos-no-mas-1276484372/

Juan Castañeda

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Una crisis económica sorprendente (2007-2012)

La verdad es que esta profesión tiene una buena parte de vanidad y la entrada de hoy es una nueva muestra de ello. Hace ya meses, en septiembre de 2012 salió a la venta el libro que he escrito con el economista José Antonio Aguirre, titulado “Una crisis económica sorprendente (2007-2012)” (Ediciones Aosta), del que escribí un artículo en el blog sobre el contenido del libro.

José Antonio Aguirre es un economista profesional que sabe realmente de mercados financieros y de los economistas clásicos; de hecho, ha sido el editor pionero en la traducción al castellano de libros clásicos de economía de autores de referencia, como I. Fisher,  F. Hayek o K. Wicksell u otros más recientes e igualmente relevantes como James Buchanan o George Selgin. De la mano de mi director de tesis doctoral (Prof. Schwartz), tuve ocasión de leer su magnífico estudio sobre la banca central y la competencia monetaria, que acompañó a la edición en castellano del excelente libro de Vera Smith de 1936, “Fundamentos de la Banca Central y de la Libertad Bancaria“; ambos trabajos de lectura diría que obligatoria para quienes quieran entender los fundamentos del sistema de banca central actual y sus alternativas. Por ello, ha sido un verdadero placer para mi escribir este libro con quién, sin saberlo entonces, me ayudó tanto a entender un poco más sobre lo que es el dinero con su trabajos sobre economía monetaria.

libro

Aquí podréis ver más información sobre el libro, una reseña y el índice de contenidos.

La presentación tendrá lugar el martes 5 de febrero de 2013 (19:00hrs.) en la Fundación Rafael del Pino (Madrid). Aquí encontraréis más datos prácticos sobre el acto. El profesor Pedro Schwartz hará la presentación, seguida de la intervención de los autores y de un tiempo para preguntas y comentarios del público. Por supuesto, como siempre, y lo saben bien quienes me conocen, las preguntas serán muy bienvenidas, especialmente si son críticas.

En fin, me permito invitarte a venir y quedo muy agradecido de antemano.

Juan Castañeda

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(Artículo publicado originalmente en el diario OroyFinanzas, el 17 de Septiembre de 2012

El patrón oro, también una cuestión de poder y hegemonía

Es evidente que hay una relación entre el buen o mal gobierno de las monedas fiduciarias y el precio del oro. Cuando la gente estima que las monedas nacionales se van a depreciar, como resultado de lo que consideran políticas monetarias y fiscales demasiado expansivas, insostenibles a medio y largo plazo, aumenta la demanda de oro y se dispara su precio claro. Así ocurrió durante las crisis del dólar americano durante los años 70 del siglo pasado y ha vuelto a ocurrir desde mediados de los años 2000; lo que se ha constatado con más intensidad tras el estallido de la crisis financiera en los años 2007 y 2008. Es de todos bien conocida esta propiedad del oro como valor refugio del poder adquisitivo de los ahorradores, que ha sido “testada” y funcionado realmente bien a lo largo de muchos años (siglos).

Fuente imagen: Wikipedia commons

Otra cosa bien distinta es defender una vuelta al patrón oro, pero que muy distinta. Supone dar unos cuantos pasos más allá para cambiar no sólo el sistema monetario tal y como lo conocemos, sino también las reglas de juego de la sociedad en una economía de mercado. Es este precisamente el núcleo de la conversación que mantuve sobre este tema con Luís Iglesias en su programa “Conversaciones en libertad”. Hablamos allí de las condiciones necesarias para poder mantener un sistema de patrón oro, de sus consecuencias económicas y sociales, de cómo fijar o bien dejar libre el precio del oro, así de cómo se conduciría la política monetaria bajo ese régimen de emisión de moneda. Como ven, no es poco.

El oro y la hegemonía mundial

En otros trabajos me he centrado en las implicaciones técnicas de esta cuestión. Ciertamente son muy relevantes pero me atrevo a decir que de segundo orden comparadas con las consecuencias políticas que acarrearía esta decisión; tanto en lo referente a los cambios

(1) de modelo social y económico que traerían aparejados como (2) a los que resultarían por la disputa de la hegemonía económica mundial. Y es a estas últimas a las que me referiré, si quiera brevemente, a continuación.

Los países que a lo largo de la historia reciente han impulsado un sistema de patrón oro como norma de regulación de la oferta de dinero a escala internacional han sido siempre, y no por causalidad, los países más prósperos y poderosos económica y políticamente. Así lo fue la Inglaterra del siglo XIX (hasta la “Gran Guerra”) y así lo fue EEUU tras la Segunda Guerra Mundial (al menos entre los países democráticos y las economías de mercado). Cierto es que los sistemas de patrón oro liderados por ambos países distan mucho de ser iguales; pero al menos sí compartían la existencia de un anclaje final de sus monedas nacionales en el oro a una paridad o precio fijo. A ambos países les convino en cada momento histórico la estabilidad del sistema monetario, lo que les permitió expandir sus operaciones comerciales y financieras por todo el mundo. Y es que no descubro el Mediterráneo cuando afirmo que una moneda estable es un requisito esencial para la prosperidad comercial y económica.

¿Quién lideraría el cambio a un patrón oro ahora?

EEUU sería el primer candidato; es la superpotencia política y militar del mundo, así como aún la principal economía mundial. Además, es el principal poseedor de reservas oficiales en oro (alrededor del 25% del total mundial). A pesar de todo ello, no creo que de verdad apueste por volver al patrón oro. La razón es sencilla; ha dejado de ser desde hace décadas la economía más productiva del mundo. Tiene una balanza comercial muy, muy deficitaria desde los años 70, que ha de financiar año a año con entradas de ahorro exterior en forma de préstamos. Hasta ahora, el hecho de emitir su deuda en la aún principal moneda de reserva internacional le permite financiarse más fácilmente y sin duda a un bajo coste.

De adoptar el bajo el patrón oro clásico, gobernado por el Estado, ya no sería así. Al quedar fijado el tipo de cambio del dólar con el oro, ante el recurrente déficit comercial americano, la Reserva Federal de EEUU habría de utilizar el oro de sus reservas para mantener la cotización del dólar; ello conllevará salidas netas y masivas de oro a los países con quienes mantienen ese déficit comercial (China, países del sudeste asiático y algunos países europeos). En pocos años, la Reserva Federal agotaría sus reservas de oro y la potencia económica encargada del “manejo” del patrón oro habría de suspender la relación con el oro y devaluar su moneda. En definitiva, en muy poco tiempo la dinámica de funcionamiento del patrón oro revelaría los enormes desequilibrios de países como EEUU, ya que pronto impondría costes y límite al insostenible exceso de gasto que la economía americana, tanto de agentes privados como del Estado; exceso de gasto que aún puede permitirse precisamente porque los actuales patrones monetarios, puramente fiduciarios, permiten un manejo más “flexible” de la moneda y así esquivar (que no evitar) por un tiempo el ajuste del gasto que más tarde o más temprano habrá de llegar.

Juan Castañeda

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Nota: Puede accederse directamente al audio de la conversación en la que se basa este artículo aquí:

http://educacionparalalibertad.com/2012/09/15/hay-un-futuro-monetario-para-el-oro/

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Una cura de humildad

 

Uno siempre ha de ser muy cauto a la hora de, si quiera plantearse, escribir algo  destinado a su divulgación. Esa cautela ha de ser aún mayor si lo hace en un campo como el de la economía que, como ya nos decía Karl Menger hace más de un siglo,  estudia las consecuencias no necesariamente intencionadas de las decisiones humanas. ¡Menudo reto! Y cuando digo decisiones me refiero a verdaderas decisiones humanas tomadas en entornos inciertos, con información y conocimientos limitados, en los que la gente persigue fines que proyecta, revisa y rectifica a lo largo del tiempo.  En fin, todo un rompecabezas de infinitas piezas y ciertamente dinámico, que ni siquiera conoceremos nunca con certeza. Es en esta especie de arenas movedizas en las que penosamente nos movemos quienes nos dedicamos a estudiar la economía.

Hemos jugado a ser dioses durante demasiado tiempo. Nos hemos (¡y seguimos!) enredado en grandes modelos macroeconómicos con los que creíamos podíamos identificar los males de la economía y corregirlos a discreción; como si eso fuera posible. La lógica parece rotunda: la autoridad económica, asesorada por un cuerpo de economistas y económetras, identifica un funcionamiento “subóptimo” o “no eficiente” de la economía, y utiliza los instrumentos bajo su control para alcanzar la situación óptima deseada en cada momento. ¿Acaso alguien no querría alcanzar una situación óptima que, por su propia definición, es la mejor de las alternativas posibles? El problema es que en la vida real lo óptimo está fuera de nuestro alcance: ya sea por la incertidumbre que nos rodea o ya sea sencillamente porque muchos de los objetivos de política económica no están bajo el control de las autoridades. Como verán, la reivindicación de esta mayor humildad intelectual entre la profesión de economistas preside el libro que José Antonio Aguirre y yo mismo acabamos de publicar sobre la crisis económica reciente (ver detalles abajo).

El penoso gobierno de la regla monetaria reciente

Y, lógicamente, uno ha de plantearse qué tiene que ofrecer de nuevo o puede aportar al debate sobre la cuestión tratada.  Por un lado, señalamos el gran desconcierto, e incluso ignorancia, existente en torno a lo que es el dinero y a las leyes que lo gobiernan. Y es que se olvida que el mercado monetario es una auténtica excepción en las llamadas economía de mercado, pues es un mercado gobernado por los Estados a través de los bancos centrales nacionales. En este sistema, el dinero ya no lo elije el mercado, sino que es una creación de la ley mediante el decreto de su curso legal forzoso. En este mercado, tan importante para el buen funcionamiento de la economía, todo pivota sobre las decisiones de un banco central monopolista. A la vista de la crisis actual, podemos aseverar que el desconcierto es extensible incluso a muchos economistas. Gran parte de la profesión no ha estudiado estas cuestiones y por tanto las ignora en sentido estricto, o bien prefieren dejarlas de lado, en un ejercicio de pereza intelectual alarmante y muy costoso a la postre para todos.

 Por otro lado, la regla monetaria manejada por los bancos centrales ha resultado no sólo fallida, sino además una de las principales causantes de la crisis actual. Y es en ello en lo que nos centramos principalmente en el resto del libro.

La “ley de la física monetaria”

Después de tres décadas de subordinación de los bancos centrales a las necesidades financieras crecientes de Estados en expansión, la combinación de déficit y deuda pública, así como inflación y desempleo masivos en los años 70 despertaron a la mayoría del plácido sueño de la “era keynesiana”. Los gobiernos, a regañadientes, reconocieron que lo mejor que podían hacer era delegar la política monetaria en manos de un banco central independiente, encargado de preservar el poder de compra de la moneda. Por fin, parece que atendieron a la que hemos llamado la “ley de la física monetaria”: una de esas pocas certezas con que contamos en la economía, que asevera que habrá inflación cuando crezca la oferta de medios de pago por encima del crecimiento real de la economía.

De la estabilidad de precios a la estabilidad monetaria

El reconocimiento de los límites de la política monetaria en la década de los años 80 y 90 fue un avance, sin duda; pero a la vista está que insuficiente. A su explicación dedicamos otra buena parte del libro. Y es que de nuevo hemos visto que los bancos centrales decían preservar la estabilidad de compra de la moneda cuando realmente no lo hicieron. Jugaron de nuevo a ser dioses y a controlar el ciclo económico, creyendo que la estabilidad de un índice como el IPC era un buen indicador de la estabilidad del poder de compra del dinero. Un gran error. La consecuencia ha sido un crecimiento excesivo y prolongado de la oferta monetaria, que ha terminado por desajustar la estructura productiva. Ahora los costes de todo ello son desgraciadamente familiares para todos.

Por todo ello, al final del libro nos atrevemos a plantear una regla monetaria que pueda mejorar el desgobierno reciente de la oferta de dinero; una regla que suponga una cura de humildad para los economistas y bancos centrales y les recuerde que sólo deben conseguir objetivos que estén verdaderamente bajo su control: la estabilidad monetaria. En definitiva proponemos que lo mejor que puede hacer quien sostiene la oferta de liquidez de la economía es conseguir su estabilidad a lo largo del tiempo; sin vaivenes que tengan que ver con la persecución de políticas expansivas de la actividad económica que ya sabemos en qué terminan.

Juan Castañeda

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José Antonio de Aguirre y Juan E. Castañeda Fernández: “Una crisis económica sorprendente (2007-2012)”. Ediciones Aosta. Madrid

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(Artículo publicado iriginalmente en OroyFinanzas, Madrid, 3 Septiembre 2012) 

¿Una vuelta al patrón oro en EEUU?

 
Influidos o no por el congresista americano Ron Paul, conocido crítico de la Reserva Federal y el sistema de emisión puramente fiduciario, la convención nacional del Partido Republicano de la pasada semana convocó una comisión para el estudio de la vuelta al patrón oro en EEUU. Sí, nada más y nada menos que la vuelta al patrón oro. ¿Por qué ahora? Eso es sencillo. En un momento de tanta inestabilidad financiera como la vivida desde 2007, ahorradores privados, inversores institucionales y hasta los bancos centrales parecen haber encontrado de nuevo un buen refugio para sus ahorros y reservas en el dorado metal; de ahí que su precio se haya disparado en los años 2000, como ya antes lo hiciera durante las crisis del petróleo en los años 70.

Es en estos momentos de incertidumbre cuando la tan a menudo, en tiempos de bonanza, peyorativamente llamada reliquia bárbara (J. M. Keynes, 1923) parece no serlo tanto, y todos parecen caer en la cuenta de su mayor capacidad para mantener el poder de compra a largo plazo. Pero esto es una cosa y otra sería proponer el oro como ancla del sistema monetario. De adoptarse, supondría una vuelta al sistema anterior a la Segunda Guerra Mundial, que limitaba el crecimiento de la oferta monetaria dada la necesidad de mantener la convertibilidad de los billetes emitidos en oro a una paridad fijada de antemano. Sus ventajas no se nos escapan: en esencia, crecimiento monetario limitado y verdadera estabilidad del poder de compra del dinero a medio y largo plazo.

¿Quién fija el precio del oro?

Como sucede en cualquier mercado y con cualquier mercancía, y el oro también lo es, el dato fundamental es el precio que regule la relación entre el dólar y el oro. Este precio puede ser fijado por el Estado, como cuando determina el tipo de cambio de su moneda en términos de otra. De hecho, este fue el sistema de patrón oro clásico que funcionó entre 1870 y 1914, ya que era el Estado (a través de un banco central monopolista) quien fijaba la paridad de la moneda nacional respecto al oro y se comprometía a convertir a la vista todo billete emitido a ese precio (a esa paridad).

O, como bien sugería Milton Friedman en 1961 quien decida el precio como sucede normalmente en una economía de mercado. El precio debería rondar los 1.500 o 1800 dólares la onza de oro, tal y como cotiza en el mercado en los últimos meses.

Una equivocación en la fijación de este precio del oro sería fatal para la economía:

(a) Un precio muy alto en términos de dólares por onza (mayor al citado intervalo) implicaría una notable devaluación del dólar y así la posibilidad de caer en un crecimiento excesivo (e inflacionario) del dinero en EEUU.

(b) Un precio demasiado bajo, provocaría lo contrario: un crecimiento monetario mínimo y deflacionista, y además una moneda muy sobrevalorada que perjudicaría y mucho a las exportaciones de EEUU.

De ahí que sea mejor que el precio del oro lo determine el mercado y evitemos este problema de raíz. Una vez resuelto este problema inicial, el crecimiento anual de la oferta mundial de oro (en torno al 2% – 3% como promedio) podría servir para financiar una economía con un crecimiento similar a medio y largo plazo; por lo que no sería un sistema monetario deflacionista en absoluto.

Ahora bien, si atendemos a las indicaciones que daba Hayek para determinar si era viable el patrón oro en un país, ni siquiera en EEUU sería hoy posible. Aún siendo el país con más reservas oficiales de oro del mundo (27%), este stock sería realmente mínimo en comparación con el volumen de liquidez existente en EEUU.

Además, no tiene sentido hablar del patrón oro en un solo país, sino entre una comunidad de países que compartan este sistema monetario. De adoptarse sólo en EEUU, la mayoría de los poseedores de dólares de todo el mundo, previsiblemente desconfíen del mantenimiento de los compromisos de la Reserva Federal y pronto los canjearían por oro, lo que rápidamente agotaría sus reservas.

¿Pero sabemos realmente el “precio” del patrón oro?

¿De verdad que la sociedad actual, también la americana, está dispuesta a volver a un sistema monetario que no permite financiar a un Estado con déficits recurrentes? Bajo el patrón oro la financiación deficitaria y continuada de un elevado Estado de Bienestar es sencillamente inviable, así como la expansión del gasto público sin límite.

Así como también lo es la conducción de una política monetaria discrecional y expansiva de la liquidez, al menos potencialmente, sin límite alguno. ¿De verdad que estamos dispuestos a pagar el precio por tener más estabilidad monetaria y financiera?

Juan Castañeda

PD. Un analisis de esta cuestion fue abordado en este blog en una conferencia y articulo que disponibles en el enlace: https://theoldladyofthreadneedlestreet.wordpress.com/2012/06/06/hay-un-futuro-monetario-para-el-oro/

 

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(Artículo publicado originalmente en el diario digital OroyFinanzas, el 30 de julio de 2012).

 

Sr. Draghi, el BCE es un banco central más

 

Lo queramos o no, el Banco Central Europeo (BCE) fue concebido como el nacimiento de un banco central nacional; eso sí, de entonces once y ahora nada más y nada menos que de diecisiete naciones distintas. Esta sencilla constatación está en la base del agravamiento de la crisis de las deudas nacionales por las que han atravesado y aún sufren muchos de sus países miembros. Primero Grecia, seguida de Portugal e Irlanda, y ahora parece que le toca el turno a España e Italia. Es una sucesión de caídas de los tesoros nacionales que responde al mal gobierno de las cuentas públicas claro, pero cuya precipitación descansa, por encima de cualquier otro motivo, en la creación de una moneda como si hubiera un Estado único que la respaldara. Pues bien, ha hecho falta sólo una crisis financiera, cierto que importante, para comprobar su fragilidad y destapar el tarro de las contradicciones institucionales de la moneda única.

Otra moneda nacional, otro banco central nacional

Hasta ahora, de respaldo de la moneda, casi nada de nada. Ha costado “sangre, sudor y lágrimas” que los Estados miembros se percataran de las consecuencias fatales de esa ausencia de algún tipo de tesoro o hacienda supranacional europea, y luego dieran pasos efectivos para crear, sobre la marcha, fondos de rescate para ayudar a los países miembros. Algunos tacharán esta solución hacia la que vamos como indeseable, por devenir en mayor centralización y peso de un gobierno paneuropeo. Lo comparto, pero no es ahora cuando tenemos que discutir sobre ello. ¿Acaso no se defendía el proyecto del euro en los 90 como una vía para profundizar en el proceso de integración europea, hacia la supuesta panacea de la integración política y económica de las naciones participantes? ¿De verdad que la adhesión al euro era sólo una decisión de naturaleza económica, basada en una evaluación racional de sus costes y beneficios? ¡Desde luego que no! No olvidemos que un país como el Reino Unido se apartó en su momento de este proyecto dado que, según argumentaban sus críticos, supondría a la larga de una manera u otra la cesión de soberanía fiscal a Europa, además de la monetaria claro.

Pues bien, fue dentro de este proyecto político paneuropeo que impulsaba frenéticamente las ruedas del euro cuando se crearon las reglas que lo gobernarían y mantendrían como una moneda fuerte. Destacaremos dos que han saltado como costuras de un traje mal hilvanado: (1) La prohibición del rescate de Estados y (2) La independencia del BCE y la prohibición de préstamo a los Estados.

Pues bien, parece como si el BCE “pasara por aquí”, y que la crisis actual no le incumbiera. Su presidente, en una sucesión de contradicciones alarmante, por un lado nos recuerda esas reglas iniciales del euro y que, por tanto, no está el BCE para financiar Estados deficitarios; y, por otro lado, cuando la situación se acerca al colapso, se pone el traje de presidente del banco que emite el euro y compra deuda de esos Estados de manera más o menos indirecta, así como llega a afirmar, faltaría más, que respaldará la supervivencia de su propia moneda.

Disculpe Sr. Draghi, pero el tiempo en que nos creíamos que el BCE podía ser un banco central diferente, plenamente comprometido con la creación de una moneda fuerte, como si hubiera adoptado el patrón oro como ejemplo, ha pasado. Y, por la vía de los hechos, me temo que la institución que preside se ha convertido en un banco central como el resto que, de cuando en cuando, ha de enfangarse en las cuentas públicas para rescatar a los Estados de sus miserias financieras. Sí Sr. Draghi, a la postre, un banco central nacional más, muy a mi pesar.

 

Juan Castañeda

 

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